La coctelería más famosa de la historia de A Coruña vuelve a abrir sus puertas catorce años después
El miércoles 26 vuelve, en la calle Faro, el establecimiento que cambió para siempre la forma de consumir algunos combinados

De la ecuación entre la corriente nostálgica de cierta generación habituales a los bares y la querencia de los coruñeses por convertir el 15002 en el paradigma de una manera muy concreta de vivir, parece haber resultado la fórmula que ha devuelto a la vida a la que fuera una de las coctelerías primigenias de la ciudad. Solamente así se entiende que, 14 años después de su último servicio, El Rey de las Capirinhas (esta vez con nh), afronte su tercera etapa. Será a partir del miércoles 26 en el número 36 de la calle Faro, en pleno corazón de Monte Alto.
En los tiempos en los que hemos normalizado pedir cafés sin usar una sola palabra en castellano, o a que hasta las abuelas se unan a la fiebre de la kombucha, es necesario poner en perspectiva lo que significa referirse a El Rey de las Caipiriñas. En 1988 los gin-tonics no eran macedonias, sino que eran una Fockink en vaso de tubo. Los cócteles eran lo que preparaba Tom Cruise en la gran pantalla y las caipirinhas una cosa exótica que contaban los que tenían la suerte de poder viajar, y de hacerlo a Brasil. Por lo tanto, es en ese marco en el que comenzó su andadura, en 1989, Domingo Arcos, un gallego de la Costa da Morte que había emigrado a Brasil y que se trajo a la Ciudad Vieja de A Coruña uno de los patrimonios nacionales. La voz se corrió rápidamente y el éxito llevó que los coruñeses lo coronasen como el rey, una corona que no abandonó hasta su jubilación, en 2010. De aquellas casi tres décadas todavía se habla en la calle Damas y alrededores. “Trajo una bebida exótica, preparada por gente del propio país, marcó a una época y a muchas generaciones”, dice Leonardo Méndez, presidente de la asociación del barrio. De hecho, entre finales del siglo XX y comienzos del XXI hubo bebidas profundamente vinculadas al entorno: los paletos de El Rincón del Pirata, la jarra melada en el local homónimo o la caipirinha.

Marcelino Arcos, hijo de Domingo, ya fue el primero en la línea de sucesión y mantuvo la dinastía durante un año, entre 2010 y 2011. Sin embargo, el convertir el local en una producción en cadena de cócteles terminó con su paciencia. “Me cansé”, confiesa. En estos casi tres lustros se dedicó a una empresa de reformas y pintura, y es precisamente eso, reformar su realidad personal, lo que ha decidido ahora a sus 55 años. Monte Alto y la calle Faro no entraban en sus planes, aunque se muestra optimista a unos pocos días de abrir. “En la Ciudad Vieja había que pagar un dineral y apareció una ganga en Monte Alto”, afirma sobre el bajo que hasta ahora ocupaban el San Martín y su peña deportivista.
Otra de las ventajas con las que juega Marcelino Arcos es la de dominar el producto a la perfección, además de mantener intacta su legión de fans. Según advierte, todavía nadie ha superado las caipirinhas del rey: “Son todos 'bakalá', unos meten zumo de limón y otras cosas que no son auténticas, por eso nunca hemos perdido la fama. Todos me preguntaban cuándo volvía y calculo que hay unos mil amigos pendientes de nosotros”. Serán, además, a cinco euros.
Muchos de ellos estarán en la fiesta del miércoles 26, a partir de las 19.30 horas, que incluirá, además de muchas caipirinhas, la típica feijoada brasileña.























