
Hace 50 años Franco moría en Madrid tras largas semanas de enfermedad y sin saber aún que su régimen, que creía "atado y bien atado", no iba a durar mucho. Sin embargo, justo después de su fallecimiento todavía se produjeron numerosos homenajes, antes de que la Transición iniciase un viaje hacia la democracia que fue apagando los ecos de su figura.
Uno de los lugares en los que se propuso un gran homenaje fue la ciudad de A Coruña. Como recoge Carlos Fernández Santander en su libro 'Francisco Franco y La Coruña', ocurrió en el mes de diciembre de 1975, pocas semanas después de la muerte del mandatario.

El Ayuntamiento, a propuesta del concejal Vizoso Piñeiro, inició la tramitación para colocar un monumento a Francisco Franco en plena plaza de María Pita, en el mismo lugar en el que ahora se encuentra la heroína coruñesa.
El edil aseguraba que "era hijo adoptivo y predilectísimo de la ciudad, además de alcalde honorario y perpetuo", por lo que merecía un homenaje de tal calado en la plaza central de A Coruña.
Aquella sesión plenaria guiada por el alcalde Jaime Hervada y celebrada el 15 de diciembre de 1975 decidió también sobre otros asuntos como el Plan Parcial de Adormideras, estudios de la calle Juan Canalejo, la pavimentación de Bens, o los accesos a O Portiño, recuerda Fernández Santander. Fue al final del Pleno cuando Vizoso Piñeiro propuso colocar la estatua a Franco, un plan que fue aprobado.
Se lanzó entonces la convocatoria de un concurso para que artistas de renombre presentasen sus ideas, apostando por una estatua ecuestre al modo de la que ya había instalada desde los años 60 en la plaza de España de Ferrol.
Era parte esta propuesta de "la efervescencia nostálgica" que siguió a la muerte de Franco, en la que numerosos municipios e instituciones quisieron instalar placas, lápidas o monumentos en memoria del dictador. Pero el tiempo fue transcurriendo y al final el concurso no prosperó y menos aún la estatua en medio de la plaza, que en 1998 pasó a ocupar la heroína María Pita, con mucho más consenso.

La Transición primero, la democracia después y la ley de memoria histórica como colofón fueron eliminando esos homenajes al que fuera jefe del Estado. De hecho, en 2002 desapareció aquella estatua ecuestre de Ferrol de la plaza de España, con destino a las inmediaciones del Museo Naval, donde se quedó hasta que en 2010, con el alcalde del PSOE Vicente Irisarri, se desterrase definitivamente a un almacén militar de la Marina.
La otra gran retirada de símbolos de Franco en Galicia la protagonizó el conocido como 'Cabezón': el busto situado en la plaza Mayor de la localidad pontevedresa de Ponteareas abandonó su lugar en 2003 tras ser instalada en 1976 en aquella "efervescencia" por el Caudillo después de su muerte. El monumento alcanzó tal notoriedad que la plaza incluso llegó a ser rebautizada popularmente como 'plaza del Cabezón' y el busto sufrió más de una vez los ataques con pintura de los más diversos colores protagonizados por aquellos contrarios al régimen.












