Begoña Peñamaría | "Hay tres momentos del libro que quien no se emocione no es persona"
La diseñadora y escritora presenta esta tarde en el Náutico su nueva novela, 'Los borrones de Dios'

La diseñadora y escritora Begoña Peñamaría hace su séptima incursión en el mundo de la novela, con la publicación de ‘Los borrones de Dios’ (Lautana editorial), que esta tarde presentará en el Real Club Náutico (20.00).
“Como cualquier escritor, nos paramos mucho a observar el mundo, a observar la problemática, a observar cómo funcionan las personas y, de alguna manera, yo siento una gran debilidad por la adolescencia y por los jóvenes, que es un colectivo que, de alguna manera, me enternece”, explica Peñamaría sobre la gestación de esta nueva obra. La autora pone el foco en cuatro personajes, cuatro jóvenes de 13 y 14 años, “que sin conocerse realmente, han tenido cada uno un tipo de vida tortuosa, con abusos de todo tipo”. “Son temas difíciles de abordar, pero necesarios, porque en esa etapa de la vida es en la que yo creo que sucede todo. Esas son las personas adultas que van a dirigir, a trabajar, a gobernar un país, una familia... todo lo que pasa en esa etapa, si no está bien canalizado, estructurado, pueden venir problemas futuros”, añade.
Por eso ha construido a los personajes de Peter, Leo, Laura y Alfredo, cada uno con su “tormento”, pero que logran todos ellos ese “sentido al dolor”. Es a través del mismo que pueden “superarse a sí mismos, ayudándose los unos a los otros”.
Y aquí Peñamaría aborda uno de los aspectos a los que da más importancia: el amor, “en todas sus demostraciones”. “Porque no sólo hay que amar a tu pareja, puedes, y debes, amar a tus padres, a tus hermanos, pero también puedes amar a tus amigos intentando escuchar, ayudar, contando secretos y dándote cuenta de que no estás tan solo como creías”, destaca.
Los personajes
Ella misma ha dejado por escrito que estos cuatro personajes son los “psicológicamente más fuertes” que ha creado.
“Soy una persona a la que le gustan mucho las personas, tengo una capacidad para leerlas, debo tenerla por lo que me dice la gente, soy capaz de ver la razón por la que son así y tratar de ver cómo podían haber sido si hubieran sido llevadas, dirigidas, a tiempo”, asegura la escritora, que añade: “Hay tres momentos en el libro que quien no se emocione es porque no es una persona”. Aunque la emoción intenta aflorar a lo largo de las páginas de ‘Los borrones de Dios’, Peñamaría deja claro que no pretende hacer llorar a nadie, “solo me gusta que bajemos de este ritmo que a veces llevamos de estrés, de presión, de trabajo... para pensar y no olvidarnos de lo que realmente somos, que somos seres humanos y que todos tenemos, más o menos, los mismos miedos, las mismas preocupaciones”.
Los personajes que yo hago son personajes fuertes, son capaces de expresar lo que sienten, de comunicarlo
“Los personajes que yo hago son personajes fuertes, que son capaces de expresar lo que sienten, de comunicarlo y encontrar a otras personas que a lo mejor les cuesta más, pero que también acaban haciendo hablar”, reflexiona.
Una portada de Yolanda Dorda
Quien se haga con el libro, se hallará ya en la portada con una ilustración de Yolanda Dorda, una niña con trenzas que aparece con el dedo en la boca, igual que Laura, una de las protagonistas “que también tiene trenzas y guarda un secreto”, apunta Peñamaría, al tiempo que explica la curiosidad que rodea a esta ilustración.
Ella la compró y la tiene colgada en casa desde hace unos años. Mientras le daba vueltas a cómo hacer la portada, “levanté la cabeza de repente y vi ese cuadro, se me pusieron los pelos de punta al ver las similitudes”, comenta mientras se señala el brazo: “Todavía se me ponen de punta al recordarlo, es como si estuviese predestinado”. La decisión estaba clara y, tras consultarlo con la propia artista, “estaba encantada”.
La autora camina en la realidad entre dos mundos, diseño y escritura, pero afirma que en ambos “trabajo las cosas que mejor sé hacer: comunicar y crear”. “Escribir creo que es una habilidad que tengo, de la que me siento bendecida, porque a veces la vida que veo no me gusta y puedo meterme en otra o inventarte otra vida”, concluye.
























