Así contó El Ideal Gallego la inauguración del edificio del Banco Pastor: champán, puros, sandwiches y un hito financiero
"Llega el ánimo a posesionarse de una venturosa y feliz realidad: la de que La Coruña, Galicia y España, pueden unir a otros acreditados nombres, el de este banco"

"Escribimos no bajo la impresión del momento, de esa impresión pasajera suscitada por la grandiosidad de la nueva instalación, o por la afluencia inmensa de público que con curiosidad e interés llenaba las oficinas y salones, admirando la obra realizada por la ciencia, el arte y el trabajo, en perfecto y sorprendente consorcio, sino por la impresión perdurable que lleva a nuestro ánimo una optimismo convicción, no por lo que a la Entidad en particular se refiere, sino por lo que representa en orden al presente y al porvenir de la bella ciudad-sonrisa".

Así iniciaba El Ideal Gallego la crónica de la inauguración del edificio del Banco Pastor, que este 8 de noviembre cumple su primer centenario convertido en un símbolo de A Coruña y, sobre todo, de sus Cantones.
Precisamente de allí eran vecinas ambas entidades, ya que la redacción de El Ideal Gallego se situaba en el número 22 del Cantón Grande, mientras que el nuevo Pastor estaba en el número 1 del Cantón Pequeño.
Para el periódico, y la sociedad coruñesa, la inauguración del 8 de noviembre -al día siguiente, el 9, abrió al público- constituyó no solo un hito financiero, sino una importante marca del desarrollo del "porvenir" de la ciudad.
La crónica, ilustrada con una imagen de "la suntuosa puerta de entrada a las oficinas" del Laboratorio Pardo Reguera, compartió portada con asuntos como el nuevo precio del pan o lluvias torrenciales que inundaron varias localidades de Lugo.
El texto se hace eco de un diseño en el "que tan acertadamente supieron condensar" sus arquitectos, Tenreiro y Costellés (sic), "ciencia y arte". "Llega el ánimo a posesionarse de una venturosa y feliz realidad: la de que La Coruña, Galicia y España, pueden unir a otros acreditados nombres, el de este BANCO (sic) que honra a propios y extraños".
De la importancia que en aquel momento tuvo el estreno del inmueble da fe también la crónica señalando que tras la apertura de puertas a las once de la mañana del domingo "La Coruña entera puede decirse que desfiló por allí".
Empleados y directivos obsequiaron a los visitantes con "sanwichs, champagne y cigarros puros", en una cita que dada la gran cantidad de gente que llegaba obligó a cerrar las puertas a la una para "poder atender debidamente a todos los que llenaban por completo los amplios locales".
Ya por la tarde fueron recibidos los representantes de todos los diarios locales, junto con varios de nivel gallego e incluso corresponsables internacionales, que terminaron su visita con un "espléndido lunch, servido por el Athlantic Hotel".
Del edificio en sí, El Ideal Gallego destaca en esta edición que la estructura fue construida en hormigón armado y que la cimentación se había iniciado el 7 de mayo de 1922. "Consta esta parte de sótanos, planta del Banco y ocho pisos más, destinando el entresuelo a oficinas particulares y los restaurantes a viviendas".
El edificio se levantaba sobre un solar de 1.015 metros, con una altura que llegaba a los 39,60 metros, distribuidos en planta de sótanos, planta del banco, entresuelo, pisos y planta del ático.
Entre las instalaciones destacadas en la crónica aparecen las cámaras acorazadas y cajas de alquiler, así como la calefacción, el saneamiento y los ascensores.
Al día siguiente de la inauguración llegó el momento crucial en el que el banco empezaba a andar en sus nuevas oficinas, un hecho que revela también El Ideal Gallego en su edición del 10 de noviembre, gracias a un anuncio publicitario insertado en sus páginas.
En él se descubre que las oficinas del Cantón Pequeño, número 1, tenían un horario de nueve y media a una y media y de cuatro a cinco y media. En él, los clientes podían abrir cuentas corrientes en pesetas con intereses desde un 2% a un 4% anual. Además, ofertaban la posibilidad de usar sus cajas fuertes de alquiler para "la guarda de valores, alhajas y documentos" y también de usar cuentas en monedas extranjeras como la libra británica, el franco galo, las liras italianas, los escudos portugueses o los dólares estadounidenses.





























