Los ojos del Hospital de A Coruña que pueden curar un cerebro en tan solo media hora
La unidad de Radiología del Chuac es una gran desconocida y, sin embargo, clave para el 80% de los diagnósticos médicos

El 8 de noviembre de 1895, hace hoy 130 años, el físico alemán Wilhelm Conrad Rontgen descubrió los rayos X. La especialidad de hoy en día no se parece en nada a la de entonces. “Hemos pasado de una imagen muy básica de interior del cuerpo humano a poder ver prácticamente lesiones de un milímetro dentro del organismo”, ensalza el jefe de Radiología del Chuac, José Manuel Castro. Y, sin embargo, esta unidad es una gran desconocida para los pacientes. No por las pruebas, pues quien más o quien menos ha pasado alguna vez por ellas, pero pocos saben de quiénes son los ojos que están detrás de su diagnóstico y, menos aún, que sus médicos pueden, sin ser neurólogos, curar lesiones cerebrales en tan solo 30 minutos.
Detrás está un equipo de 200 profesionales sanitarios, la mayoría técnicos, la cabeza más visible y los que tienen contacto con el paciente. Junto a ellos trabajan de forma menos expuesta una treintena de enfermeras, cincuenta médicos y quince residentes. Todos repartidos a lo largo de los hospitales y centros sanitarios de A Coruña, desde el Chuac hasta Betanzos, cubriendo una amplia demanda que permite realizar 1.500 pruebas al día y 470.000 cada año.

“A veces la población no es consciente de todo el trabajo que realizamos, pero el 80% de los diagnósticos médicos están basados en pruebas de imagen”, ejemplifica Castro, que lleva trece años a la cabeza de este servicio en A Coruña.
El médico detrás de la prueba
Pero más allá de las pruebas, que todos necesitamos o necesitaremos en algún momento, hay un médico especialista en radiodiagnóstico que interpreta el resultado de los test. Una figura que pasa desapercibida, pues es el profesional que solicitó la prueba y no el radiólogo el que le da la noticia al paciente.

“Aunque no vemos al paciente, el diagnóstico no sólo es la interpretación de la imagen, sino que hay que ver el contexto clínico del paciente, ver su historia, qué hallazgos presenta la imagen y emitir un diagnóstico”, explica Castro. Son, por tanto, los ojos que detectan cuando un cáncer comienza o remite, cuando se diagnostica una demencia o un ictus, por ejemplo. Algo que también les afecta “emocionalmente”, ya que les “duele” saber que les van a dar una mala noticia, como también saben de la “ansiedad” con la que los pacientes se enfrentan a estas pruebas, por lo que intentan humanizar el trato lo máximo posible.
En ictus o aneurismas
Y si los radiólogos son desconocidos, los neurorradiólogos se enmascaran y se pierden entre otros médicos, como los neurólogos o neurocirujanos. Parte de ellos también se dedican al diagnóstico, mediante TAC y resonancia magnética, aunque en su caso se centran en la parte de la cabeza, cuello y columna vertebral. Pero los más ocultos son los intervencionistas, que a través de técnicas mínimamente invasivas, acceden a las arterias cerebrales y pueden cerrar o abrir venas en tiempo récord y sin daños.

La patología que más intervienen son los ictus. En lo que va de año ya llevan 400 procedimientos, un gran volumen comparado con 2017, cuando se realizaron 40. “Pocos casos no se pueden beneficiar de una trombectomía”, asegura José Díaz, responsable de Neurorradiología.
Aunque no sólo intervienen patologías isquémicas, también hemorrágicas, como las aneurismas cerebrales o las malformaciones arteriovenosas. En estos casos acceden a las arterias o venas para cerrarlas.
Una especialidad en crecimiento
Díaz vio prácticamente nacer la especialidad, pues cuando él llegó en el 95, esta “todavía estaba en pañales”. Los desarrollos técnicos han permitido grandes avances y hoy el servicio cuenta con diez personas, cuatro dedicadas exclusivamente al intervencionismo, un número que se espera que siga creciendo. Aunque no es fácil, pues requiere de una vocación especial que supera las fronteras del diagnóstico. “Supone ser cirujano, tener los guantes llenos de sangre y asumir la posibilidad de complicaciones”, explica Díaz.

Aunque todo lo malo tiene su parte buena que hace que todo merezca la pena: “Está lleno de satisfacciones. El Hospital de A Coruña lleva desde el año 2016 haciendo trombectomías y la satisfacción de ver a pacientes que han entrado en la sala con una parálisis, sin poder emitir lenguaje, y que salen 30 minutos después moviendo las cuatro extremidades y preguntando por su familia, es muy gratificante. Es pasar de ser una persona dependiente a en media hora volver a la situación anterior, con todo recanalizado y sin daño cerebral”.
A esta especialidad le queda mucho futuro por delante. "Todavía estamos abriendo nuevos campos. Estamos a la puerta de nuevas fronteras en las que tenemos un papel muy relevante y activo. Por ejemplo, en el tratamiento de las hemorragias subdurales, una especie de hemorragias que ocurren en unos espacios meníngeos concretos y que está muy asociado a una población envejecida, como es la nuestra", explica Díaz.
También en las migrañas se posicionan como los 'salvadores' de aquellos con dolor refractario, "que no hay nada que los pueda resolver". "Existe la posibilidad de hacer un tratamiento de una serie de arterias meníngeas que también son beneficiosas".
De la misma manera, se abre una nueva frontera con las hidrocefalias: "Hasta ahora se trataba de hacer una perforación en el hueso craneal, atravesar el cerebro para llegar a esa cavidad y vaciarla. Ahora se puede llevar a cabo a través de venas".
Todo con la previsión de duplicar el número de salas gracias a la ampliación del Nuevo Chuac y a la llegada de un cuarto equipo de resonancia magnética ya que, tal y como recuerda el jefe del Servicio de Radiología, cada año se elevan cada vez más el número de pruebas complejas que se requieren. "La demanda sigue incrementándose y que las capacidades que tenemos para poder abordar esta demanda a veces nos sobrepasan", subraya Castro.












