La sucursal bancaria de un barrio de A Coruña se convierte en una gigantesca tienda de gominolas
Se encuentra en O Castrillón y es capaz de satisfacer todos los antojos

Imagínense la cara de un cliente del Banco Sabadell si un visionario le hubiera dicho que su futuro sería muy dulce. En honor a la verdad, si esa situación se hubiera dado en el barrio de O Castrillón, habría que reconocerle al gurú en cuestión ciertas habilidades paranormales. Eso sí, desde la ambigüedad. Y es que la que hasta hace unos meses fue la sucursal de la entidad bancaria, en el número 25 de la avenida de la Concordia, es ahora una inmensa tienda de gominolas multitarea. En cuestión de unos pocos días se ha metido en el bolsillo a los vecinos de todas las edades. Algo así como el punto de encuentro para satisfacer antojos.
Su propietaria, Mónica Prieto, no engaña a nadie. Para la que es su segunda aventura en el universo del dulce ha elegido como nombre Pica Moas, toda una declaración de intenciones. De su habilidad para manejarse entre gominolas y antojos variados ya nació hace más de una década un establecimiento similar en Matogrande, que aún sigue en funcionamiento. Ahora, en su propio barrio, ha ido un paso más allá y ha creado un espacio multidimensión de más de 100 metros cuadrados, en el que lo mismo se puede comprar El Ideal Gallego que unos cacahuetes. "Nuestra actividad principal son los chuches a granel, además del llamado producto de impulso", advierte. "También ofrecemos prensa, refrescos, papelería, fotocopias y bocadillos calientes". Curiosamente, el producto que más ha triunfado en estas dos semanas es una creación nacida en el propio Pica Moas: el bocadillo de kebab con queso cheddar. Como dice la propietaria, una "guarrada" irresistible, en el mejor sentido de la expresión.
Motivación
Si algo ha quedado acreditado a través de su experiencia vital, es que Mónica sabe lidiar con las generaciones a las que normalmente más cuesta 'domesticar'. Por eso, y por visión de mercado, decidió arriesgar y convertir la sucursal bancaria en un banco de antojos. "En mi barrio no había este servicio de tienda familiar, especialmente el servicio de copistería", comenta. "Me encantan los niños", añade. Lo que no se le puede discutir a la empresaria es estar curtida en mil batallas, ya que sus hijos tienen actualmente 22, 19 y 9 años. El mejor entrenamiento posible para las salidas de clase. "A los adolescentes los toreo bien, porque llevo toda la vida con los míos", bromea. Por cierto, que nadie piense que, por ir al 'negocio de mamá', la cuenta les sale gratis. "Vienen, comen y pagan", promete la responsable de Pica Moa.
Otro espacio curioso en el vasto bajo de Pica Moas es una exposición de salados y dulces para bodas, bautizos y comuniones, otra de las vías de crecimiento de la marca a medio plazo.
Una mascota que da que hablar
Desde hace poco más de un mes, la empresaria decidió apostar por la fórmula de crear expectación y explotar una imagen potente y reconocible. En este caso llenó el barrio de imágenes de una alpaca con el chupa en la boca. Muchos se preguntaron y especularon con el trasfondo de la cuestión. Ahora, la imagen está omnipresente en Pica Moas, incluso en diferentes versiones que son una proyección de la personalidad d ella dueña: la alpaca de Star Wars, la de Marc Márquez o de Los Vengadores. Eso, además de una máxima que rige su día a día: el neón de 'siempre en equipo'.

Dicen que a nadie amarga un dulce, por eso seguramente Pica Moas es uno de los negocios que atrae a una clientela más ecléctica en todo el entorno.














