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Entrevista CTV

Andrés García-Carro | “Siempre he presumido de ser coruñés y de lo bien que vestían las chicas de La Coruña”

Empezó como modelo después de jubilarse y ha sido imagen de Dior, Saint Laurent o Zara. A pesar de haber vivido muchos años fuera, siempre ha querido mantener su vinculación con la ciudad

Andrés García-Carro, The Spanish King, ante la casa donde nació (de color rojo)
Andrés García-Carro, The Spanish King, ante la casa donde vivió de niño (de color rojo)
Javier Alborés
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A Andrés García-Carro (A Coruña, 1932) muchos lo conocen por el apelativo de The Spanish King y por sus trabajos desde 2019 relacionados con la moda y las redes sociales: de imagen de Zara, Dior o Saint Laurent a salir en el vídeo de C. Tangana de ‘Tú me dejaste de querer’. Al margen de su despuntar tardío como modelo, este coruñés de Ciudad Jardín tiene mil historias que contar de su trabajo en Madrid, sus vivencias en Argentina y, por supuesto, su vinculación con la ciudad que le vio nacer hace 93 años.

¿Cuál es su primer recuerdo de A Coruña?

De la posguerra e, incluso, de la guerra. Les ponían unos papeles a las ventanas así [dibuja un aspa con los dedos] para que, si había un bombardeo, los cristales no cayeran a la calle. Eso lo tengo grabado. Y aquí en Riazor, en verano, ponían como una terraza de madera y desde ahí nos miraban mis padres, que no se bañaban, ni bajaban a la playa.

¿A dónde fue al colegio?

A uno en la plaza de Lugo, el colegio del Ángel, que fue media Coruña y era de unas señoras mayores. Tenía un jardín de recreo que daba a Rosalía de Castro, que ahora son edificios. Ahí fui hasta el ingreso, a los 10 años. Después, al instituto. Entonces había masculino y femenino. Al femenino entraban por la plaza de Pontevedra y al masculino entrábamos por el Orzán.

O sea, que era el mismo edificio pero con dos puertas.

Ni nos veíamos. El femenino estaba en el primer piso y el masculino, en el segundo.

¿Y qué tal estudiante era?

Era buen estudiante. Nunca repetí y en la carrera, que hice en Madrid, tuve matrículas.

¿Qué estudió?

Yo quería estudiar Arquitectura, pero era la época en que había un examen de ingreso. Había gente que tardaba diez años. Mi padre me dijo: “Mira, a ti las matemáticas se te han dado muy mal toda la vida, más vale que estudies otra carrera”. Entonces éramos muy dóciles y dije: “Bueno, pues estudio otra carrera”.

Y estudió Derecho.

Sí, me mandaron a Madrid, porque creían yo quería estudiar Arquitectura por ir a Madrid y no era por eso. Cuando yo fui al colegio mayor, Albalat llevaba diez años para ingresar en Arquitectura. Alfonso Abelenda también lo estaba preparando. Murió mi padre cuando yo estaba en segundo y, como era el hermano mayor y las mujeres entonces eran poco menos que un cero a la izquierda, me convertí en el jefe de la familia. Seguí la carrera pero por libre, que se decía, y después ya, los dos últimos cursos, sí que termine en Madrid.

¿Y después?

Yo quería hacer oposiciones a diplomático y me fui un año a Inglaterra y otro a París pero me convencieron de que era muy difícil si no tenías un padrino, solo te podías presentar antes de cumplir treinta... Así que me presenté a técnico de la Administración Civil del Estado, en el ministerio que se llamaba entonces de la Gobernación y de ahí pasé al de Información y Turismo.

¿Y cómo surge lo de irse a Argentina?

Se había muerto un tío abuelo en Argentina que nos dejó un campo. Estaba arrendado y llegamos a un acuerdo de que nos lo devolvían en cinco años. Fue el tiempo que estuve, vivía nueve meses en Argentina y venía tres de vacaciones. En el año 61 hice las oposiciones, me casé en el 65 y dije: “A ver qué hago yo ahora para ir a Argentina”. Y conseguí que me destinaran de agregado cultural a la embajada. Me fui y estuve allí catorce años.

O sea que, además de la dictadura aquí, también vivió la dictadura en Argentina.

Llegué a Argentina en abril del 66 y en junio sacaron a Ilia, el presidente demócrata. Y, de ahí, doce años de gobiernos militares y la época de desaparecidos. Yo creo que todavía hubo más que los dicen; amigos míos, gente que había comido en mi casa, que nunca más se supo. Allí conocí a la mayoría de los exiliados. Estaba Eduardo Blanco Amor, Eduardo Pita Romero, que fue ministro de Asuntos Exteriores; Arturo Cuadrado, que era poeta... De Claudio Sánchez Albornoz me hice amigo. Lo iba a buscar muchas veces para ir a misa, porque era de misa diaria. Cuando le preguntaba si quería algo de España me decía: “Tráeme una cajita con tierra de Ávila”. Era muy entrañable. Vivía solo, estaba muy mayor y siempre decía: “¿Para qué habré dicho yo que no volvía a España hasta que muriera Franco?”. Murió Franco y al mes siguiente se vino. Por lo menos, pudo volver.

¿Allí nacieron sus hijos?

Dos nacieron en España y dos en Argentina. Allí estuve hasta el año 79. Al volver, era la época de la Transición y no me encontraba a gusto en el Ministerio porque antes era el rojo y después, como era funcionario de Franco, era franquista. Y yo de política nunca quise saber nada. Pedí la excedencia, hice la oposición a agente de la propiedad, fundé una inmobiliaria en Madrid y, en cuanto cumplí los 35 años de funcionario, me jubilé.

Dice que está jubilado pero no se retiró del todo porque ahora tiene otro trabajo con la moda...

En 2019, decidí venirme a La Coruña y fue cuando mi nieta me metió en todo esto del Spanish King y hasta ahora. Vamos, que soy pensionista pero no me he jubilado todavía (risas).

Una vida llena de aventuras...

He hecho las cosas más diversas pero siempre disfrutaba con lo que estaba haciendo. Ese debe de ser el secreto. Qué horror tiene que ser trabajar en algo que no te guste: no lo harás bien y encima sufres. A veces digo que yo tendría que pagar en vez de cobrar porque me lo paso de maravilla. Doy gracias a Dios porque he tenido una vida feliz. Y encima tengo salud, no puedo pedir más.

¿Siempre ha vivido en Ciudad Jardín?

En Payo Gómez, 7, donde nací, hasta los diez años. Y luego, en Ciudad Jardín, de donde salí para casarme. Que llegué con una hora de retraso a la boda. Había una carrera de motos, estaba todo cortado, y el coche no llegaba. No había móviles y no podía avisar. Mi mujer estaba esperando pero nunca pensó que yo no iba a aparecer.

¿Qué echaba de menos cuando no estaba en A Coruña?

El mar. Cuando volvía de Madrid, el tren entraba por las Jubias y yo estaba deseando ver por la ventanilla cómo aparecía Santa Cristina; me emocionaba. El mar es una constante en mi vida.

¿De qué presume como coruñés?

Yo siempre he presumido de ser coruñés. Aparte de que no puede ser más bonita, había una cosa de la que presumía siempre y es de lo bien que vestían las chicas de La Coruña. En Madrid llamaban la atención.

Algo que también ejerce...

Siempre he sido muy presumido, lo reconozco. Siempre me gustó ir bien conjuntado.

Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué época le gustaría ir?

Cuando terminé el Bachillerato, los años 52, 53, 54. Murió mi padre en el 52 y estuve un año sin bajar a La Coruña, porque en aquella época los lutos eran... Estuve un año paseando por aquí vestido de negro. Y la que hoy es mi mujer, que iba a las Esclavas, me veía.

¿Se conocieron así?

Ella era también de Ciudad Jardín. Dice que ya estaba enamorada de mí cuando yo tenía 19 años y ella tenía 12. Las vueltas que da la vida.

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