Bea Lema | “Me encanta el Manhattan y sus camareros con pajarita, es un lugar en el que se ha parado el tiempo”

Bea Lema (A Coruña, 1985) es una de tantos orgullosos habitantes de Monte Alto. Reside allí desde que tenía uso de razón y, salvo algunos momentos puntuales en los que vivió en Madrid y en Francia, nunca ha salido del 15002. Ganadora del Premio Nacional de Cómic en 2024 por su obra ‘El cuerpo de Cristo’, dibuja un barrio vivo, que ha crecido, evolucionado y avanzado a lo largo de los años.
“Cuando yo era niña, tampoco estaban todos los edificios que hay ahora–recuerda–; había como unas casetas, gente que tenía cerdos o que cultivaba allí, en unas leiras, así que el barrio ha sufrido un cambio muy grande”. Elige la playa de O Areal o As Lapas como su rincón preferido y el escenario para posar para la foto porque refleja a la perfección esa conexión con la naturaleza que tienen los vecinos de esta zona de la ciudad, en la que elegir un escenario urbano o más salvaje está a menos de cien metros.
¿Cuál es su primer recuerdo que tiene de A Coruña?
Pues estaba el otro día pensando que mi primer recuerdo lo ubico en el Hospital Materno Infantil, porque tuve tuberculosis con tres años y mi primer recuerdo es estar por allí, hacer rodar una moneda por el pasillo del hospital y jugar con el compañero de habitación que tenía al tragabolas.
¿Y un recuerdo más bien de la ciudad?
Recuerdo aquellos veranos como eternos, de estar mil horas en la playa, dentro del agua, de jugar con las olas.
¿Aquí, concretamente, en esta playa?
Sí, en esta playa, pero también en la del Orzán... En realidad, me iban rotando por ahí. Y recuerdo también las horas de parque, estar en la calle... Yo soy de Monte Alto, así que jugaba mucho en la plaza del Mercado.
¿A qué colegio fue?
Fui al Víctor López Seoane, que está aquí detrás, muy cerquita.
¿Y qué tal estudiante era?
Pues fui buena estudiante los primeros años, lo que es la Primaria. Ya me gustaba mucho dibujar, destacaba por eso. Y, después, el cole está justamente detrás de la cárcel. Una anécdota que siempre cuento es que, cuando estábamos en el recreo también estaban en el recreo los presos y nos agarrábamos ahí a la valla para mirar y husmear un poco.
“El cole está justamente detrás de la cárcel y, cuando estábamos en el recreo, también estaban en el recreo los presos y nos agarrábamos a la valla para mirar”
¿Siempre ha vivido aquí, en Monte Alto?
Sí y la verdad es que sigo viviendo aquí, a cinco minutos de As Lapas. Lo cierto es que sí, que he estado mayormente aquí, menos un año que estuve en Madrid y los seis meses que estuve en Francia. Siempre he estado en el barrio.
¿Y qué es lo que le gusta de vivir en Monte Alto?
Me gusta que tiene tan cerca la naturaleza. Que está en la ciudad, pero al mismo tiempo está el entorno de la Torre y está ese viento atlántico que me resulta muy liberador. El mar, la playa... creo que eso es lo mejor. Y que está cerca del centro pero, al mismo tiempo, es como un pequeño refugio porque es muy tranquilo.
Además de esta zona de la ciudad, ¿qué otros sitios de Coruña suele visitar?
Últimamente, la verdad que estoy mucho por aquí, pero no sé, sitios que me gustan... Pues bajarme al centro a tomar un café, por ejemplo, al mercado de San Agustín, en la cafetería que que hay allí. Y me encanta el Manhattan, es como un lugar en el que se ha parado el tiempo, que hay camareros con pajarita... Eso me encanta porque todos los sitios empiezan a ser uniformes. Hay una tendencia muy clara, todo blanco, de madera, minimalista y me gusta la personalidad de ese sitio.
¿Cuál era su vocación, qué quería ser de niña?
¿Yo? Artista.
¿Pero de cantar, de actuar o cómo?
Pues me gustaba ballet, después me pasé el contemporáneo. Tenía claro que quería ir por ahí, lo que pasa que en casa estaba muy presente la idea de que había que hacer otra cosa , que eso no era una manera de ganar dinero así que me acabé decantando por el diseño industrial, que me parecía un camino del medio, porque tiene una parte técnica, que se suponía que me iba a facilitar tener un trabajo y, al mismo tiempo, pues es un oficio creativo.
¿Y cuándo se da cuenta de que su camino profesional está en el dibujo?
Cuando estaba a punto de cumplir treinta años, hace ahora más de diez, tuve como una crisis vital grande, porque se cayeron varias cosas: en el trabajo que tenía en ese momento no me renovaron el contrato, lo dejé con mi novio de juventud... Como que todo perdió un poco el sentido y empecé a conocer gente que dibujaba en la ciudad, como, por ejemplo, Alberto Vázquez, y lo vi como una opción. Vi que sí, que había gente que se profesionalizaba haciendo eso, y decidí probar.
“Tuve tuberculosis con tres años y mi primer recuerdo es hacer rodar una moneda por el pasillo del hospital y jugar con el compañero de habitación al tragabolas”
Y la verdad es que, al final, no le fue tan mal...
No, no. En el momento, tomar la decisión fue muy dramático, sentía como que había decidido mal, que era muy mayor para cambiar de rumbo... Lo viví de manera trágica y sí que es verdad que fueron años, bueno, difíciles, porque yo ya estaba muy ubicada profesionalmente. Y fue romper con todo eso y volver a empezar en una profesión que sabes que, aunque lo intentes, eso no te garantiza que vayas a conseguir que sea tu medio de vida. Pero la verdad es que me ha ido muy bien.
¿Con qué proyectos está ahora? Si es que se puede hablar de alguno...
Pues acabo de terminar la adaptación de ‘El cuerpo de Cristo’ a corto de animación, en donde traslado todos esos bordados del libro a este formato cinematográfico. Estoy también con muchos encargos de ilustración que han ido surgiendo en los últimos tiempos: una portada, carteles o diferentes dibujos. Y, después, tengo en mente otra historia que me quiero sentar a escribir en breve, pero es todavía demasiado pronto para hablar de temáticas.
Como coruñesa, ¿de qué presume cuando sale fuera?
De que es una ciudad cómoda, que se puede ir a todo andando, que no hay aglomeraciones, que no hay que hacer colas, que el aire está fresco, que está la naturaleza al lado, el mar, la playa... De todo eso.
Y, si le dieran una máquina del tiempo, ¿a qué época de A Coruña le gustaría ir?
Pues no lo sé... Quizá me iría hasta los años treinta, a ver qué pasaba por ahí. A dar una vuelta por la calle Real antes de la guerra.
Preguntas cascarilleiras
¿Churros de Bonilla o churros del Timón?
Churros del Bonilla de la calle Galera, que es el de toda la vida. Me encanta, con esas maderas, esa luz oscura... Es uno de esos sitios que siguen igual, porque es verdad que en la ciudad hay, para mí, pocas cafeterías emblemáticas y, sin duda, esa es una.
¿Jardines de Mendez Núñez o monte de San Pedro?
Los jardines, el monte de San de Pedro es algo mucho más reciente. En los jardines yo he ido a la fuente a ver los peces, que si los carritos de los caballitos... era como una parada obligatoria.
¿Calle de la estrella o calle de la Barrera?
Me siento más vinculada a la Estrella, sobre todo por aquellos recuerdos de adolescencia, cuando había los recreativos.
¿Bebe agua de Emalcsa o embotellada?
La del grifo me vale.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
Pues diría la del Orzán, porque he estado mucho más por cercanía de casa. O sea, las dos están bien. De hecho, es una continuación de la otra, pero soy más del Orzán.
¿Se mueve por la ciudad a pie o va motorizada?
Siempre que puedo, voy a pie, porque me encanta caminar y después soy muy usuaria de BiciCoruña. Creo que es un avance espectacular para la ciudad. Yo, de hecho, aprendí a andar en bici de mayor, porque tenía miedo cuando era pequeña de sacarme los ruedines. Y he descubierto la sensación de libertad que tienes cuando vas sobre la bici, esa cosa de que el viento te dé en la cara me encanta.
¿Prefiere una verbena o un concierto?
Creo que un concierto en este momento de mi vida.
¿Alguno que le gustara especialmente?
Pues mira, me gusta mucho el flamenco y, la verdad, es difícil, porque el flamenco en Galicia no es algo que se vea demasiado y poder ver en el Coliseum a Paco de Lucía, que es como el guitarrista por excelencia del flamenco, pues fue superchulo.
¿Es de helados tradicionales, como los de la Colón, o de sabores más modernos como Bico de Xeado?
Me gustan los clásicos, por supuesto, pero también un día te puedo pedir un helado de Kinder Bueno o algo así, más original.
¿Carnaval o San Juan?
San Juan, el Carnaval me gustó mucho en la infancia, porque mi madre me hacía muchos disfraces a la carta y era bonito todo ese proceso de comprar la tela, diseñarlo. A partir de la adolescencia, empecé a coger miedo porque se puso de moda esto de ir con el buzo y las caretas, algo bastante terrorífico. En San Juan, ese ritual del solsticio, las hierbas... es bonito.
¿Dice más chorbo o neno?
Ninguna de las dos, pero tengo unos amigos madrileños que me dicen que una expresión muy coruñesa es “sin fallo”. Les sorprende mucho; ellos lo identifican con Coruña y eso sí que lo digo.











