La Colegiata de Santa María recupera su linterna tras una restauración de casi un mes
El remate es el punto culminante de unas obras para solucionar las filtraciones del templo románico

La Colegiata de Santa María, del siglo XII, uno de los templos más emblemáticos de la ciudad, recupera su ‘sombrero’: una linterna del siglo XIX. Este remate, cuyo propósito es permitir la entrada de luz en el centro de la nave, en los últimos años se había deteriorado y dejaba entrar también el agua en el coro. “La linterna tragaba agua y el coro estaba lleno”, resume el abad de la Colegiata, José María Fuciños.
A diferencia del resto del templo, construido en resistente piedra granítica, la pieza del siglo XIX es una adición de madera, pero precisamente por eso fue posible desmontarla con una grúa y llevarla a un taller especializado, donde durante casi un mes fue sometida a una restauración a fondo, como señala el abad. Ayer volvió a su lugar.
Se trata de una obra menor, que ha costado 73.000 euros, de los cuales el Arzobispado solo ha pagado 10.000, dado que el resto los ha aportado la Xunta. De todos modos, Fuciños lamenta la falta de atención que merece por parte de las autoridades un monumento que es, además, Bien de Interés Cultural (BIC). “No tenemos suficientes garantías, no nos apoyan. Hay un vacío legal. Pero nosotros tenemos que tratar por todos los medios de conservarla”, denuncia.
Los operarios volvieron a instalar la linterna ayer, aunque todavía quedan por hacer algunos ajustes. Además, hay otras ventanas que tienen que sustituir para asegurarse de que el agua no vuelve a abrirse paso por el interior, pero el abad considera que los trabajos habrán finalizado para la semana próxima. Aunque, advierte, no es más que una de las muchas obras que deben acometerse en este anciano edificio.
Daños en la fachada
Por si fuera poco, el templo románico está expuesto a los accidentes, como cualquier otro inmueble. Precisamente, hace unos días, un camión que transportaba material para una obra de reforma que se está realizando en un edificio situado en uno de los laterales de la Colegiata arrancó un buen pedazo de piedra de una esquina.
El desperfecto no se descubrió de inmediato, sino días después, por uno de los operarios que estaban haciendo las obras. Pero los obreros de al lado reconocieron la autoría del daño. El abad dio a conocer el suceso a Patrimonio de la Xunta, que todavía no ha pasado por allí para evaluar un problema que, en todo caso, no es el único. “Hay unas pintadas en el ábside”, denuncia Fuciños. Aunque el vandalismo es un problema que el Ayuntamiento trata de erradicar desde hace años, sigue existiendo, incluso en el corazón del casco histórico de A Coruña.











