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A Coruña

Cuatro mujeres coruñesas hablan de lo que el cáncer de mama no cuenta: “Todo lo que viene después es una bomba"

La AECC pone en el centro de su nueva campaña ‘Nos lo tomamos a pecho’ el dolor con el que conviven los pacientes

Teresa Suárez, Arantxa Roca, Dolores Estrada, Lucía Barcia y Eva María Bastante, en la sede coruñesa de la AECC
Teresa Suárez, Arantxa Roca, Dolores Estrada, Lucía Barcia y Eva María Bastante, en la sede coruñesa de la AECC
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Detrás de todo diagnóstico de cáncer de mama, hay una persona. Una persona con miedo. Con dolor. Con ansiedad y angustia. Pero también una persona que no deja de ser madre o padre, hijo o hermano, pareja o cuidadora. Es la realidad que viven muchos pacientes que no solo se tienen que enfrentar a esta enfermedad, sino que tienen que lidiar con sus responsabilidades mientras reciben un tratamiento que les deja secuelas de por vida. Así lo relatan cuatro mujeres en el marco de la campaña de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) ‘Nos lo tomamos a pecho’, que este miércoles puso en A Coruña el foco en el impacto emocional, mental y laboral de este tipo de tumores. 

“Nos lo tomamos a pecho porque su entorno no siempre las entiende, porque a veces los propios médicos minimizan el impacto de la enfermedad, porque los pacientes sienten miedo y porque no se habla de que tienen que asimilar que son pacientes de por vida”, incidió la tesorera de la Junta Provincial de la AECC, Dolores Estrada.

1. Ser cuidadora cuando deberías ser cuidada

Una realidad no poco común de muchas pacientes de cáncer de mama es que tienen que seguir asumiendo un rol de cuidadoras mientras ellas mismas están enfermas. Es el caso de Teresa Suárez, paciente y voluntaria de la AECC, que recuerda que “el diagnóstico fue un mazazo”: “Decírselo a mi familia fue el dolor más grande que había tenido en mi vida. Hace 18 años estaba muy estigmatizado y el cáncer era igual a muerte”.

Entonces pasó a ser cuidada por su familia, pero no le duró mucho: “Al poco tiempo, mi marido se enfermó con una depresión muy grande. Tuve que sonreír cuando solo quería llorar”. Después fueron su hermana y su madre las que pasaron a ser pacientes oncológicas, pero el dolor más grande vino cuando le tocó a su hija: “El dolor que sentí cuando me diagnosticaron no fue nada comparado con este”. Teresa pasó entonces a ser cuidadora las 24 horas del día: “Guardo muchas lágrimas en mi corazón porque no tenía ni tiempo de llorar”.

2. Una trayectoria laboral que se frena de golpe

Arantxa Roca tenía 31 años cuando le diagnosticaron cáncer de mama. “De un día para otro no solo te enfrentas al cáncer, sino a que no puedes seguir desempeñando tu trabajo. Se paraliza tu vida y no sabes qué hacer”, incide. Roca, que ha podido volver a trabajar con un puesto adaptado a su enfermedad, lamenta que hay muchas empresas que no tienen esta opción.

3. Lidiar todos los días con el miedo a la recaída

Adaptarse de nuevo al trabajo también fue complicado para Lucía Barcia, ya que además de paciente, era psiconcóloga en la AECC. “Cuando llega una persona que tiene el mismo tipo de cáncer que tú y el mismo tratamiento y de repente te dice que tiene una recaída, tienes que apagar el cerebro porque –inevitablemente– piensas que eso te puede volver a pasar a ti”, explica. Con ella coincide la paciente Eva María Bastante: “Vivimos con miedo a diario”.

4. Las secuelas de los tratamientos oncológicos

Bastante también incide en el impacto físico y emocional de los tratamientos oncológicos. “Es durísimo, sobre todo cuando te provocan una menopausia farmacológica anticipada. Llega un punto que piensas: ‘Esta no soy yo’”. 

"No es solo lo médico. Todo lo que viene después es como una bomba y no vuelves a ser la misma", asegura también Barcia.

Por eso, Bastante incide en la detección precoz: “Hacerse la mamografía es súper importante porque te puede pasar a ti”. 

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