Antes de que a alguien se le ocurriera lo de los late night en televisión, cuando la gente quería satirizar la sociedad en la que vivía se dirigía al teatro, de ahí que durante muchos siglos fuera un pasatiempo de las masas y uno de los momentos de más auge fue la de la comedia dell’arte, que es el equivalente del siglo XVIII a las telecomedias de enredo o sitcom. Visto así, las declaraciones del director de la obra que se representó ayer en el teatro Colón cobra mucho más sentido. Habla de la lucha de clases, de sexos, la lucha por encontrar trabajo, por encontrar pareja, por encontrar comida, por sobrevivir, explicó Andrés Lima, al referirse a Argelino, servidor de dos amos, una obra que se estrenó por primera vez en 1745 y que las compañías Animalario y Teatro de la Abadía llevaron a escena de nuevo tras un lavado de cara.
Los personajes > Los personajes principales son siete: el mercader, el posadero, el doctor, los amantes -que no podían faltar- y el protagonista, el criado Arlequino. A diferencia de las telecomedias actuales, cuyo principal interés consiste en saber cuándo el protagonista se llevará a la chica, en la obra de Carlo Goldoni, el criado Arlequino lo único que quiere es ganarse la vida.
Por lo demás, la comedia dell’arte emplea los mismos recursos que cualquier teleserie de la hora de comer: equívocos, engaños, peleas amorosas, dobles sentidos y conflictos generacionales, todo impulsado por el interés egoísta, tanto amoroso como económico. En realidad, sirve para explicar las relaciones de dominación en que se basan todas las relaciones humanas, dijo Lima.
Y es que en cualquier historia, todo el mundo quiere convertirse el protagonista.