• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

QUE TE VAYA BONITO

Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Estaba cantado. La marcha del meta madridista Iker Casillas al Oporto se da por hecha en la cúpula del club madridista. 
Este era un tema del que se venía hablando ya hace tiempo y del que siempre intenté ver el lado bueno   del capitán de la selección española y de su Madrid al que llegó con nueve años. Era un auténtico “pipiolo” con los sueños lógicos de un chaval que llegaba a un club con la única idea de comerse el mundo. 
Y se ha empachado. Sin embargo, Casillas acaba marchándose por la puerta de atrás. Él no se va. Lo echan. Lo echó la afición del Bernabéu y los propios errores del calificado como mejor portero del mundo, debido, posiblemente, a sus más que discutidas actuaciones de los últimos tiempos que acabaron llevándolo al banquillo de pensar. Pero es justo reconocer que el culpable de su debacle defendiendo la meta del Real Madrid ha sido José Mourinho. El portugués, con sus polémicas decisiones, no sé si acertadas o erróneas, acabó hundiéndolo en el ostracismo. 
Iker lleva 25 años en el club, de los cuales 16 lo hizo defendiendo los colores del primer equipo. Pero Mourinho acabó dándole la vuelta a la tortilla y su estocada sería definitiva. Adán fue el portero que acabó apartando de la titularidad al madrileño. Con aquella decisión de Mou, “San Iker” y su mito fue desapareciendo poco a poco del templo madridista y del fútbol español. Después llegaría su lesión en la Copa y un día negro en Mestalla. Fue el momento del gallego Diego López. 
El de Paradela (Lugo) volvía al Madrid y para Mou sería definitivo. Incluso, si la memoria me sigue siendo fiel, Ancelotti lo mantuvo en la suplencia el primer año que llegó a Madrid. No parecía casualidad. 
Que Casillas lo ha pasado muy mal en estos últimos tiempos, es evidente. Su rendimiento ya no era el mismo. Su inseguridad, su pasividad, su apatía bajo los palos era flagrante. En alguna ocasión dejé entrever que una retirada a tiempo sería siempre una victoria para él. 
Como hicieron otros muchos en similares circunstancias. Pero decidió continuar. Y a día de hoy, por lo que se ve, ya no hay vuelta atrás. Recuerdo unas declaraciones suyas, ya en plena tormenta de rumores, donde no concebía salir del Madrid porque le gustaban los retos. Ahí se quedan para la historia sus títulos y sus sueños cumplidos, pero, eso sí, con un final con bastante sabor amargo.