• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

LOS MADRIDISTAS DE MI BARRIO

Nuestras manías, nuestras obsesiones y nuestro aforismo,

Nuestras manías, nuestras obsesiones y nuestro aforismo, nos persiguen desde el día en que damos nuestros primeros pasos. Quizá por ese motivo el ser humano se acaba convirtiendo en un auténtico “best seller”. Cada uno con su personalidad, sus colores y sus rabietas. Como diría el mítico Van Gaal, “Siempre negativo, nunca positivo”. Aquella frase tenía su miga, porque mientras que el pensamiento negativo no aporta ningún beneficio, el positivo juega un papel fundamental en todos los aspectos de nuestra vida. De ahí la importancia que tiene verle el lado bueno a las cosas o, como se suele decir, ver el vaso medio lleno.
Y esto me lleva a un mundo, el futbolístico, que vive momentos de zozobra y variable realidad: que nuestra Coruña hace ya un montón de años dejó de ser feudo madridista para convertirse en deportivista por los cuatro costados. Atrás quedan aquellos años de equipo ascensor, tristes y largas temporadas en Segunda, que nos privaban de ver a los grandes de la época en Riazor. El Teresa Herrera era el único consuelo que nos quedaba para ver en acción a los mismos equipos que hoy capitalizan el fútbol actual: Barça y Madrid. Los tiempos han cambiado y en la actualidad ser simpatizante del Deportivo es como una religión infalible que a todos nos tiene atrapados. 
Sin embargo, el madridismo se regenera una y otra vez en nuestra ciudad. Conozco de primera mano unos cuantos “mini Bernabéus” donde la tradición de los merengones perdura en el barrio. La Peña A Sable tiene en su núcleo duro a Sixto, Yago y Cibor, a los que hay que añadir al Dinio del grupo, Jaro, sin olvidarme de Raki, que fue madrina de esta peña. Hay 10 amigos más que son del Barça “pero no pueden con nosotros, somos como Asterix y Obelix”, recalca el núcleo más extremista. 
Otra historia tiene como protagonistas estelares a los clientes del Ansu II. Dentro de la diversidad allí existente, entre cervezas, vinos y otras peculiaridades del gourmet, está el camerunés Lu. Es crítico más que adulador. Cristiano es su dios e Isco, el que más sufre sus desagravios. Después está Ángel. Apenas deja ver sus sensaciones. Su grito es silencioso. Y es comprensible. Álex, expresivo y contundente, es el guerrero de este templo blanco. También resaltar la fidelidad de Jose el canario. Es como un yerno que solo puede tener una novia. Y Manolo el electricista, más merengón que el mismísimo Bernabéu. Ya lo decía Walt Disney: “Piensa, cree, sueña y atrévete”. Y también tiene miga.