• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Lucas ya está aquí. ¿Y ahora qué?

soy consciente de la alegría que supone para la afición deportivista

soy consciente de la alegría que supone para la afición deportivista el retorno de Lucas Pérez. Siempre manifesté que su regreso estaba cantado, que se buscarían las fórmulas adecuadas e incluso extrañas para que el culebrón tuviese un final feliz. No podía ser de otra forma. Sin embargo, tanta pompa y tanto fuego de artificio, podría volverse en contra del entrenador e incluso del propio jugador, al que la responsabilidad de hombre milagro podría pasarle factura.
Comenzar a ser triunfalistas con tan solo dos jornadas disputadas y actuaciones más que mediocres, me parece un disparate sobre todo dando por hecho la existencia de opiniones divergentes entre entrenador y responsables de la entidad con referencia al rendimiento de la plantilla. Pienso que al técnico se le ha creado un conflicto con la llegada de Lucas Pérez, aunque siendo honestos, bendito problema. El coruñés es el ejemplo de lo que quieren los aficionados del Deportivo en el resto de los jugadores. Ahora solo queda observar la reacción de Mel, el modo en que moverá ficha y si acabará arriesgando más en la zona donde se marcan los goles. Que lo dudo.
Incluso reconoce que ahora le toca dar la cara y hacer las cosas bien (?). Que el club puso en sus manos una plantilla con el suficiente potencial para cumplir con las exigencias que se requieren por el esfuerzo económico realizado. Esta película ya la vivimos. Teníamos un equipazo. Nos las prometíamos muy felices y al final sufríamos para mantener la categoría. Tomemos las cosas con calma, no intentemos estropear la fiesta a nadie e intentar ser realistas llamando a las cosas por su nombre. Intentar dar rodeos para esconder las dudas que acucian al club es engañarnos a nosotros mismos. Sí, es cierto, se puede soñar y apuntar irónicamente que los futbolistas son como los libros infantiles: un puro cuento. O como los músicos, que vienen, tocan y se van. Evidentemente, mi cabeza no está en el País de las Maravillas porque no vivo en un mundo de fantasía, pero sí soy realista con el suficiente sentido para reflejar lo que siento.