• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

Los deberes de los abuelos

Cuando comienzo a idear esta columna, me entero por casualidad que el pasado miércoles 26 fue el “Día de los Abuelos”, una festividad, que justo es decirlo, no tuvo apenas repercusión mediática si la comparamos con el Día del Padre o el Día de la Madre.

Cuando comienzo a idear esta columna, me entero por casualidad que el pasado miércoles 26 fue el “Día de los Abuelos”, una festividad, que justo es decirlo, no tuvo apenas repercusión mediática si la comparamos con el Día del Padre o el Día de la Madre.
Está claro que los abuelos de nuestra generación, nos muestran asombrosos puntos de vista muy dispares a la hora de educar a los más pequeños. No es fácil hacerse cargo de ellos cuando sabes además que muchas parejas, sin los abuelos/las no podrían permitirse conciliar su vida laboral con la familiar. 
Existen muchas formas de educar, siempre que la salud de los abuelos lo permitiese y esos pequeños descendientes acepten de buen grado los deberes que les exponen. Indudablemente, si hay personas que se merecen un beso y un abrazo, esos son los abuelos. Y este es el momento ideal para compartir con ellos una jornada especial y en la que siempre suele recurrirse a la vieja escuela, donde las risas y los momentos de emoción no tienen fin. Los pequeñines suelen estar en su mundo. 
A su bola, con gestos cómplices, tímidas sonrisas, miradas ingenuas, llantos inocentes sugiriendo con sus brazos alzados la solidaridad de unos “abus” cuya presencia en la vida de los niños (y los  que no lo son tanto) representa una riqueza humana muy valiosa. La vida con ellos es como poner la guinda a una situación que no siempre sabes cómo finalizará. Y como por arte de magia, se apoderan de la situación. 
Es una sensación indescriptible y donde todo el mérito es de los peques, unos seres sensibles, inocentes, intuitivos que en todo momento nos ayudan a ligar el pasado con el presente, dándole un sentido a nuestras vidas y otro muy importante a la historia familiar. 
Todo ello influye notablemente en las dinámicas sucesiones, entre ellas, cómo no, el papel de los que orgullosamente presumimos de tener nietos. Para un niño tener próximo a una figura que le aporta consuelo, amor, experiencia, nobleza, estabilidad, cariño, juego… es una de las mejores herencias que unos abuelos/las puedan dejarle.