• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Las vergüenzas del fútbol

No salgo de mi asombro cuando visualizo imágenes donde padres, madres, hijos, abuelos, árbitros (siempre tan desamparados) y futbolistas, se lían a mamporros.

 

No salgo de mi asombro cuando visualizo imágenes donde padres, madres, hijos, abuelos, árbitros (siempre tan desamparados) y futbolistas, se lían a mamporros. Son las auténticas vergüenzas del fútbol actual que destapan la falta de respeto que se vive actualmente en un deporte del que siempre se dijo que era un juego. Evidentemente, yo no quisiera este juego y estas actitudes para mis hijos y menos para mis nietos mientras los insensatos de siempre siguen haciendo lo que les da la gana y hacen que los llamados valores del deporte rey se estén haciendo cenizas en el infierno.  
No sé lo que está pasando, pero lo que está ocurriendo en los últimos tiempos no puede quedar en saco roto. Este tipo de violencia no tiene cabida en nuestra sociedad ni en ninguna. Sobran medios para erradicar esta barbarie si la justicia quiere y los que se llevan la pasta del deporte, también. 
Me resulta monstruoso y vergonzoso ver como auténticos mocosos, chavales de no más de 14 años, se involucran junto a sus padres y madres, incluso abuelos, en peleas multitudinarias que lo único que generan es odio. Los partidos no se ganan a puñetazos. Esa no es la ley del fútbol que queremos para nuestros hijos y nietos. Ni para nadie. 
Todo lo que está ocurriendo se merece un estudio muy exhaustivo para poner fin a imágenes denigrantes que nadie quiere ver y menos que se vuelvan a repetir. Pero no todo es culpa de los chavales. Sus padres, los que piensan que cada uno tiene un Maradona en su casa, deben recapacitar. 
A ellos se les debería poner la cara colorada. Si los padres, que casi siempre pierden el control de la situación y reaccionan de forma patética,  qué vamos a esperar de los hijos. Hay quien dice que el fútbol es para los listos e incluso que todo vale. ¡Qué hipocresía! En el deporte es más importante saber perder que ganar. Ahí sí es cuando se demuestra que el fútbol es solo un juego. El resto es irreverente.