• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Idolatrar la estupidez

Quiero referirme a la reacción de un joven cuando conducía a toda pastilla su bicicleta por el carril bici que hace cuesta en la zona de San Amaro.

Quiero referirme a la reacción de un joven cuando conducía a toda pastilla su bicicleta por el carril bici que hace cuesta en la zona de San Amaro. Me dio tanta pena su reacción que ante semejante cerebro podrido me hizo recordar la falta de valores que predomina hoy día ante esa malvada incultura que impera, a veces, sobre un deporte tan noble, hermoso y justo como el ciclismo que, junto a los automovilistas y peatones, están condenados a entenderse. Un deporte que en lo que va de año dejó en las carreteras españolas 22 ciclistas fallecidos (en 2016 fueron 56) cuyo delito no era otro que disfrutar de un bonito día en la carretera para dar rienda suelta a sus sueños y aficiones. 
A bote pronto me viene a la cabeza el accidente ocurrido en tierras valencianas de Oliva donde tres ciclistas pagaron con su vida la irresponsabilidad e insensatez de una conductora borracha y drogada y que además, le habían retirado el carnet en 2013 por conducir, también, ebria. Cumplió su condena pero nunca hizo el curso de reeducación obligatorio para poder volver a conducir. No le importó. Volvió a coger el coche y volvió a rendirse a sus debilidades y vicios. Ahí están las consecuencias. Tampoco quisiera olvidarme, por esa carga emocional que supone, la acción siempre detestable, de un joven de 18 años que mató a un anciano de un puñetazo por una simple discusión de tráfico.
Cuándo este deporte  y sus protagonistas alzan su voz para decir basta ya. Exigir las sanciones más elevadas. Las acciones más enérgicas. La concienciación más insistente. La que le hace falta a cierto individuo  cuando le recrimino que debe detenerse en un paso de peatones. Su respuesta fue hacerme una peineta y dejar en el aire una frase que no se merece reproducir. Es repulsivo, pero es lo que hay y lo que refleja la vida que nos toca vivir. Tampoco digo que sea lo habitual pero sí forma parte de los males de nuestro tiempo y especialmente, de una falta de cultura manifiesta en la que se idolatra la estupidez.