• Martes, 21 de Noviembre de 2017

HACER DE SU CAPA UN SAYO EN LA SANIDAD PÚBLICA

No hace mucho tiempo denunciaba en estas mismas páginas la escasa “educación” de la persona que estaba al otro lado del “teléfono del paciente”.

No hace mucho tiempo denunciaba en estas mismas páginas la escasa “educación” de la persona que estaba al otro lado del “teléfono del paciente” ante mi curiosidad por conocer los motivos por los cuales en el ambulatorio de mi zona no se cubría la plaza del médico de cabecera que me correspondía. Ahora, al margen de los numerosos problemas que apremian a la sanidad pública en Galicia, me centraré en las quejas de una paciente al acudir a hacerse un TAC al hospital Abente y Lago de nuestra ciudad. Su historia no es nueva. 
Seguro que como su caso los hay a montones y también que muchos de ellos se quedan en el tintero. A veces por desconocimiento y a veces por no saber reaccionar o porque te acabas quedando en blanco. Yo apostaría por esta última opción. A nuestra protagonista, con unos problemas todavía no diagnosticados, le asignan un tiempo de espera de diez meses para hacerse una ECO. 
Como sus molestias persistían, preocupada y sin otra opción a corto plazo, decidió hacérsela particular. Su médico, previa valoración, no conforme con el resultado, la remite al Abente y Lago con el pertinente volante para que le hiciesen un TAC. Y allí se presentó a la hora del día señalado. Su sorpresa, no era para menos, es cuando la persona que la atiende es tajante y le dice que no se lo hacen. La responsable de esta osadía hizo de su capa un sayo y decide que en su lugar le haría otra ecografía. Pero aún fue más allá en sus atribuciones. Se permitió el lujo de recomendarle que se hiciera una colonoscopia y que visitara a su ginecólogo.
Desconozco su responsabilidad o qué motivos (se me ocurren un montón y nada buenos) le llevaban a tomar esa iniciativa y, sobre todo, no hay que olvidarlo, a denigrar la autoridad y dignidad de su médico de cabecera, que ejerce en el ambulatorio de la Torre. Hablo con la paciente. Su descontento y su lógica frustración es evidente. “Me sentí indefensa, incluso ridiculizada. Nunca me había pasado esto. Que llegues con un volante a hacerte una prueba y que te la nieguen, no es lo habitual. No sé los motivos que indujeron a esa señora a tomar esta decisión. Creo que se ha tomado unas atribuciones que no son razonables”. 
Queda por conocer la reacción de su médico. Saber si su capacidad como profesional ha quedado en entredicho o si, por el contrario, este tipo de decisiones unilaterales es una práctica habitual. Es mosqueante.