• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

¿Las fiestas? de la Ciudad Vieja

Cada vez que llegan las fiestas del Rosario, patrona de A Coruña, en la Ciudad Vieja (para otros La Ciudad) suelo hacer un recorrido por esas calles tan enigmáticas que sugieren recuerdos entrañables de mi niñez.

Cada vez que llegan las fiestas del Rosario, patrona de A Coruña, en la Ciudad Vieja (para otros La Ciudad) suelo hacer un recorrido por esas calles tan enigmáticas que sugieren recuerdos entrañables de mi niñez. Y lo he vuelto a hacer. Mi desilusión fue notoria. He notado tristeza, oscuridad, y también amor y desamor por unas “fiestas” que nada tienen que ver con las que, todos los que ya peinamos canas y tenemos nietos, mantenemos en nuestra retina. Es como querer y no poder, pero sirve para rememorar con nostalgia momentos inolvidables que, visto lo visto, dudo de que vuelvan a tener aquella grandiosidad de antaño.
Como los niños y niñas disfrutábamos de aquellas fiestas de forma extraordinaria, con hasta seis o siete orquestas repartidas por sus calles engalanadas con sus luces de colores, con sus gigantes y cabezudos, su música, sus tómbolas, sus barracas, asombrados estábamos con el glamur de la reina (ahora rebajada a madrina) de las fiestas y sus damas de honor, con la banda municipal, con todas sus “manzanas” exhibiendo un ambiente festivo, donde el Sporting y Deportivo Ciudad eran los actores que aportaban la nota deportiva, con el Ayuntamiento siempre volcado en ofrecer lo mejor para una emblemática Ciudad Vieja, auténtico modelo de nuestra querida Coruña por su simbología y honestidad de personas que siempre, gracias al esfuerzo y colaboración del vecindario y políticos de turno, mostraban una determinación sin límites, buscando un escenario diferente, mágico y extremadamente romántico que nos emocionaba. No en vano, repito, hablo de las fiestas del Rosario, patrona de A Coruña, que se merecen un trato ilustre y resulta obligado distinguir del resto de las que se celebran en nuestra ciudad, con todo mi respeto hacia ellas. Pero en María Pita, más preocupados por cambiar el nombre a las calles, no parecen entenderlo así. En la actualidad, todos esos recuerdos se han ido al traste y ver lo que han sido esas fiestas y lo que son ahora, es indignante y desolador.  
Indignante por la inquina que desde la Marea parecen tener hacia la Ciudad Vieja. Y desolador para el grupo de personas (consideran que el Ayuntamiento les tomó el pelo hasta el último minuto) que gracias a su sacrificio y generosidad fueron capaces de sacar adelante unos días de diversión dignos y donde, tanto Sabela como Alejandra, dos pequeñas muy lindas que todo lo ven diferente, aprovecharon para cumplir su sueño: mostrar sus creaciones artísticas y hacernos ver que ahí hay talento y futuro. Doy fe.