• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

BM Culleredo: Licencia para soñar

Decía un afamado bailarín español que cómo a los niños

Decía un afamado bailarín español que cómo a los niños se les iba a dar por el baile si la televisión está monopolizada por el fútbol. No le falta razón. Una opinión que me atrevo a extrapolar al balonmano y más concretamente al BM Culleredo Técnicos 115 infantil masculino.
Los chicos dirigidos por Abel tienen sobrada licencia para soñar. La recompensa al curso ya finalizado refleja la consecución de objetivos sobresalientes. El año se presentaba con confianza. Y un gran objetivo: lograr plaza para el nacional. Pero no pudo ser. Posiblemente, a nivel de juego, no fue la mejor temporada quedando, pese a todo, campeones de Copa y Liga. La clave estuvo en las grandes diferencias físicas y técnicas, consiguiendo resultados escandalosamente favorables. Ello permitía fallar y no pasaba nada. El marcador lo decía todo. Y después estaban los entrenamientos. Siempre a tope. El nivel y el esfuerzo eran máximos. Mental y físicamente con un Abel que no daba respiro a sus chicos.
Después de quedar líderes en el grupo, llegó el gran reto. Y a Vigo se fueron todos con sus mochilas repletas de sueños y sin Abel. Su mujer, Mónica, daba a luz a un niño al que se le llamaría Luka. Otra generación, junto a su hermano Marko, que ya piden plaza en el Culle. Pero siempre hay un roto para un descosido y sería Roberto Selín, técnico nacional, el que se hiciese cargo del equipo. Era el momento del cambiar de timón, de conocerse y aprender. La conexión fue perfecta. Allí hubo pleno.
Pero el presente es otro. Ahí quedan para la historia el capitán Guille cuyos galones se sienten en la pista. La calidad de Marco. La frialdad de Asier. El cerebro de Martín. La garra de Dani. Fran y su exquisita definición. El oportunismo de Gabriel. Los reflejos de Óscar. La efectividad y los amagos de Pablo. La zurda de Charlie. El omnipresente Adri y el genuino July. A partir de ahora espera otra aventura, quizá más complicada. No hay que estancarse. Solo queda mirar al futuro y atreverse.