11:11 h. Miércoles, 23 de abril de 2014

 

Wert anuncia su despedida

Tómas Fernández |
Redacción | Actualizado 07 Julio 2013 - 02:04 h.
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No es que el ministro Wert vaya a tirar ya mismo la toalla. Pero la tiene preparada. Así lo ha anunciado: dejará el Gobierno y la política cuando remate la reforma educativa que se trae entre manos. Se va –o se irá dentro de poco–cansado y decepcionado. Cansado por la presión social y mediática que lleva soportando casi desde el primer día. Y decepcionado no sólo por la oposición, sino también –creo– por el propio Gobierno del que forma parte.
Las reformas educativas intentadas por la derecha política no han sido fáciles. Ni la de 2002, durante el segundo mandato de José María Aznar, que el neófito Rodríguez Zapatero se cargó sin apenas haberla dejado entrar en vigor y haber comprobado su eficacia. Ni esta que también con mayoría absoluta por parte del Partido Popular vela sus primeras armas parlamentarias: la conocida como ley Wert o –mejor– ley orgánica para la mejora de la calidad educativa (Lomce).
Si ya la izquierda en general y el Partido Socialista muy en particular se autoatribuye  sistemáticamente  en todo  una superioridad moral que no le corresponde ni de lejos, en materia educativa esa actitud adquiere especial relevancia. Como bien ha señalado el propio ministro Wert, el PSOE considera que la cuestión educativa es un coto cerrado, una cuestión de su exclusiva paternidad,  por lo que siempre ha planteado y planteará una situación de absoluta resistencia a cualquier reforma que no venga de su mano.
Desde esta prepotente actitud de partida resulta fácil entender que el diálogo con la izquierda y todos sus aledaños esté siendo para el titular de Educación una penosa cuesta arriba; una especie de diálogo de besugos; unas conversaciones dignas de los hermanos Marx; unos intercambios frustrantes,  tan llenos de prejuicios a desmontar o de desconocimientos a explicar como faltos de propuestas alternativas.
Pero si de la izquierda no se podía esperar otra cosa, tengo para mí que José Ignacio Wert se va especialmente dolido con el Partido Popular y con el Gobierno como tal del que forma parte. En realidad, después del episodio de las becas y de la pusilánime rectificación a que le forzaron, al ministro no le quedaba otra salida que la dimisión.
Presidente, Gobierno y ministros se han mostrado mínimamente solidarios con el titular más gratuitamente vapuleado del Ejecutivo y con quien llevaba y de momento sigue llevando una de las más importantes reformas previstas. Presidente, Gobierno y ministros han dejado a Wert cocerse en su propia salsa. Ni un gesto significativo de apoyo. Ni una declaración contundente y pronta de aliento. Ha sido un nuevo ejercicio del “sálvense quien pueda”. Algo muy propio de este Gobierno y del PP, que siguen tratando a los suyos peor que a los ajenos.