• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

No volverán

No es porque no lo hubiesen avisado a tiempo, aunque bien lo deberían

No es porque no lo hubiesen avisado a tiempo, aunque bien lo deberían saber por sí mismos. Pero los efectos negativos del proceso independentista sobre las economías catalana y nacional se veían venir. Tal vez estos últimos les importaban muy poco. Sin embargo, el que los peor parados vayan a ser sus propios conciudadanos demuestra una vez más la irresponsabilidad y mínimo seny -“sentidiño”, diríamos por aquí- de los promotores del pretendido golpe de Estado en aquella comunidad.
Gobierno autonómico y aledaños independentistas han tratado de minimizar, por ejemplo, el impacto de la huida de empresas (1.500 en lo que va de octubre) alegando que, en términos relativos, es un porcentaje exiguo: el 2 por ciento de las 608.981 registradas en Cataluña.
Así es, pero no es menos cierto que entre las deslocalizadas se encuentran todas las instituciones financieras y un grupo más que significativo de grandes y medianas sociedades cuya capitalización bursátil supone cerca del 90 por ciento del total de las empresas catalanas que cotizan en Bolsa. Sólo el 3,5 por ciento de ellas representan el 36,5 por ciento del PIB regional, lo que da fe de la relevancia de las empresas que han decidido poner tierra por medio.
Responsables de la Generalidad rebelde han asegurado también que de trata de una situación temporal y que la mayoría de ellas volverán a Cataluña en los próximos años, una vez que se estabilice la situación política. No obstante, según datos que tomo del secretario general del Círculo de Empresarios, Jesús Sainz, podría servir de referencia en contrario el ejemplo de Quebec, a donde no regresaron los Bancos ni las grandes sociedades que se deslocalizaron en los años 80 y 90, pese a que desde 1995 no ha vuelto a celebrarse ningún nuevo referéndum.
Más aún: los datos macroeconómicos confirman un estancamiento de su economía si se la compara con el resto de Canadá y más en concreto con la provincia de Ontario. En los años 70 ambas circunscripciones registraban ritmos de crecimiento y cifras de PIB similares. Sin embargo, desde 1980 el crecimiento económico anual ha sido del 1,91 por ciento anual en Quebec y un 2,6 por ciento en Ontario.
Bancos y grandes empresas, como digo, no han vuelto. En parte debido a que sigue existiendo un partido político independentista que en las últimas elecciones (2015) obtuvo un apoyo del 19,3 por ciento de los votantes. Y en parte porque se han localizado en provincias y territorios que garantizan en mucha mayor medida la estabilidad política y la seguridad jurídica.
Con Cataluña -pronostican no pocos observadores- pasará algo muy parecido: estancamiento propio y empobrecimiento relativo en comparación con el resto de España. Termine como termine el despropósito independentista, el mal ya está hecho. Lo pagarán sobre todo los catalanes de hoy y sus futuras generaciones. Los que se han ido no regresarán.