LAS CURVAS SE ABREN PASO EN LAS PASARELAS

En una sociedad que idolatra la delgadez extrema, las mujeres sin grasa y sin curvas, es difícil que alguien se salga de unos cánones de belleza impuestos por el mercado de la moda e imponga su ley. Y, sin embargo, ya empiezan a oírse voces autorizadas que reclaman de atención para quienes como Alessandra, la hija del actor Andy García, muestran sus redondeces sin complejos. No es la única, pero sí una de las muchas que han decido dar un paso adelante reivindicando su derecho a mirarse al espejo orgullosa de sus imperfecciones. Un logro que puede ser, que debe ser, el estimulo que necesitan quienes viven pendientes de la báscula, en vez de centrar su atención en potenciar su cuerpo.
Alessandra que estuvo en Madrid desfilando para la firma Couchel, de El Corte Inglés, es consciente de lo afortunada que es por tener una familia que le apoya en lo que hace y emprende, lo que no le ha impedido solidarizarse con quienes luchan por abrirse camino en un mundo que favorece poco lo diferente. Sin darnos cuenta de que lo diferente es lo normal, lo que más ves por la calle, o en los restaurantes. Pero es justo lo que se oculta en las pasarelas, o, al menos, en las que acaparan la atención. Donde la mayoría de las modelos lucen medidas imposibles.
Es curioso que cuantas veces he preguntado a diseñadores por qué se empeñan en llevar a sus desfiles chicas tan delgadas, todos me contestan lo mismo; la delgadez vende. Y seguramente tienen razón, porque alrededor de la moda existe un mercado que engloba las clínicas adelgazantes, los institutos de belleza, la cirugía plástica, los productos para conseguir un vientre plano sin esfuerzo, un mundo cuya misión es infravalorar lo natural. Si por natural entendemos no tener un cuerpo 10, apuesto por quienes son el resultado de llevar una vida saludable, donde comer de todo no sea un pecado.
Tengo una amiga guapísima, alta, delgada, de ojos azules, elegante, un cañón de señora, madre de una chica que es la cara opuesta: gorda, siempre vistiendo ropa holgada, el pelo suelto, sin estilo para disgusto de su mamá. Una vez le pregunté cómo le afectaban las críticas de su madre y su empeño por remodelarle el cuerpo. Para mí sorpresa soltó una carcajada y me dijo: Comprendo que mi madre sufra porque soy gorda y sin estilo, lo que ella no sabe es que soy feliz así, y que justo lo que no quiero es parecerme a ella. Comprendí que la chica tenía razón, que a veces no empeñamos en ser como otros quieren que seamos en vez de luchar por dar visibilidad a nuestra propia identidad, ya que de eso se trata.