• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Todos caben en el Calvo Sotelo

La decisión de eliminar los servicios que presta la comunidad Salesiana

La decisión de eliminar los servicios que presta la comunidad Salesiana en el Calvo Sotelo ha tenido una fuerte reacción vecinal en contra. Aún estamos a tiempo de rectificar y evitar un grave error. Es necesario reflexionar sobre todo el mérito social que la vertiente solidaria de la Iglesia ha ido acumulando a través de los tiempos. La labor de los Salesianos, comunidad centenaria en nuestra ciudad, se merece al menos un respeto y una sensibilidad.
Los vecinos de Labañou consideran que el Calvo Sotelo es parte de su identidad. Conocen perfectamente el fruto de más de sesenta años de trabajo, de entrega al prójimo y de solidaridad, más allá de las convicciones religiosas. La comunidad Salesiana, nacida de la mano de Don Bosco, siempre se ha caracterizado por pelear por la juventud, por la formación en valores y por el respeto. No en vano, el santo turinés es, entre otras cosas, el patrón de la Formación Profesional, “de jóvenes, magos y actores”.
El Calvo Sotelo ha sido en estas seis décadas la única oportunidad para cientos de chavales. El camino hacia una vida digna. Los vecinos lo saben. Las más de 8.200 firmas que piden que el centro mantenga su presencia lo prueban. La creación de una residencia universitaria no debe implicar la expulsión de los religiosos. Es una decisión que solo se justifica desde un ánimo revanchista y sectario. Se ha creado un problema donde no existe y se cercena una labor que alimentaba una dinámica social y cultural de fuertes raíces. El deporte, las artes escénicas, los oficios, el tiempo libre… Son herramientas que Juan Bosco empleó para hacer de sus escuelas factorías de ciudadanos libres y de líderes comprometidos.
La Diputación todavía está a tiempo de enmendar el error. Rectificar en este caso sería no solo de sabios; también de inteligentes. Desde el Calvo Sotelo se ha construido una parte de esta ciudad, de esta provincia. No entender que hay sitio para todos es dilapidar un patrimonio humano y humanístico del que últimamente no andamos precisamente sobrados. Poner la gestión de la futura residencia universitaria en otras manos es una decisión política ciertamente asumible. 
Pero negarle a los Salesianos la oportunidad de compartir espacio y de seguir con su labor sería un error que los coruñeses no entenderían.