Un nuevo año, cuatro grandes retos

Es tiempo de recuperar la normalidad, algo que en A Coruña suena

Es tiempo de recuperar la normalidad, algo que en A Coruña suena, más que a cuesta de enero, a utopía, pues estamos comenzando a acostumbrarnos a vivir instalados en la parálisis. Parálisis es, en efecto, una buena palabra para resumir, el mandato de Xulio Ferreiro.
No perdamos excesivo tiempo ni espacio en la crónica del desgobierno: adiós a un año en el que el alcalde ha batido el récord de facturas irregulares, ha subido el agua, ha aumentado el gasto en fiestas, ha enmendado en catorce  ocasiones su presupuesto, ha adelantado el cobro del IBI, ha incumplido más que nunca el período medio de pago, ha multiplicado por veinte el gasto en actividades vacuas, por dieciséis el de externalizaciones y por cinco el de propaganda. No ha adoptado ni una medida para mejorar la movilidad, ha admitido la imposibilidad de remunicipalizar las bibliotecas y probó las caricias del Audi oficial con chófer para ir a Portugal. Perdón: nos ha quedado largo, y nos dejamos en el tintero la mitad de la mitad.
La gestión municipal se resume en un episodio de igual modo que los diez mandamientos se resumen en dos: la antigua prisión. Amiguismo y carencia de transparencia, adjudicación a dedo a los de casa.
Desde el Partido Popular nos hemos comprometido a seguir adelante con la oposición seria, responsable, constructiva y leal con nuestra forma de entender el servicio a los coruñeses. Nos hemos propuesto seguir siendo la voz de los barrios, esos grandes olvidados por quienes han descubierto que la alfombra no desgasta las suelas. Hemos firmado un pacto no escrito con la defensa de las asociaciones, frente al intento de la Marea de fomentar su pensamiento único y hegemónico.
Nos preocupa la pérdida del liderazgo económico. Hemos pasado de ser la locomotora de la comunidad a arrastrar el lastimoso vagón del desempleo. Nuestro dietario  se completa con una guerra sin cuartel al amiguismo que campa con descaro por María Pita. Nuestro no a la primavera de los abajo firmantes; nuestro no a la condescendencia con los okupas; nuestro no a la transparencia de salón.
Estas son las manos tendidas del Partido Popular a una ciudad que nos duele. Estamos dispuestos a defenderla. Estamos acostumbrados a hacerlo desde la soledad. Estamos preparados para caminar solos por esta senda. Estamos esperanzados por encontrar la salida del laberinto. Estamos ilusionados por el aliento que recibimos en cada rincón de cada calle.