• Domingo, 19 de Noviembre de 2017

No habrá risas en la Falperra

Ni la elegancia ni el respeto cuelgan de los armarios de la Marea.

Ni la elegancia ni el respeto cuelgan de los armarios de la Marea. No es sorpresa. Superado ya el ecuador de su aventura intrusa, sigue sin comprender que, ya que su tinglado se mantiene gracias al dinero de todos los coruñeses, lo menos que se espera de su andar por la vida es un poco de estilo. Pero no. Con la misma ligereza que les entregan en bandeja a sus amigotes la gestión de la antigua prisión o la bula para campar por la Comandancia le estampan portazos en las narices a quienes no están en su onda.
Fíjense si no en la chulería con que el concejal de Cultura contesta a los vecinos de la Falperra, cuyo pecado ha sido remitir un escrito pidiendo ayuda para poder celebrar sus fiestas: “Non necesito elaborar unha carta de cinco páxinas contando anécdotas”. Claro que no. Hubiese bastado con decir no. ¡Cinco páginas! ¿Quién tiene tiempo y ganas de leerse cinco páginas? 
Ciertamente hubiese acabado antes sentándose cara a cara con los vecinos y explicándoles que toda la milonga esa de la participación y la transparencia tiene como último fin encauzar el torrente de prebendas hacia el selecto club de los amigos: la quinta de los abajo firmantes. Pero se trata de hacer escarnio público, de restregarles por la cara a vecinos y comerciantes su beligerancia a la hora de pedir lo que creen justo. Ocho mil euros negociables para darle algo de vida al barrio. Un potosí.
Ahora la Falperra se queda compuesta y sin fiesta. Los coruñeses ya no se fían de la palabra de Ferreiro. En realidad, jamás ha dado motivos para que nadie confíe en él. A los de la Falperra les propusieron que adelantase el dinero y que el Ayuntamiento ya les reembolsaría los ocho mil del ala. ¡Uf! Eso sí: ni el concejal os va a recibir, ni el encargado de turno está, ni se le espera. No habrá una resolución en firme que garantice ningún dinero ni información sobre los motivos por los que han denegado la ayuda. Las explicaciones brillan por su ausencia. Ya va siendo hora de que se dejen de milongas y mentiras, resuelvan ya el expediente e informen a todos es su deber y obligación. 
En la Falperra no habrá fiesta este año. Ni centro de salud. No habrá participación, ni siquiera de la falsa. No habrá hinchables para sus niños ni orquesta para sus mayores. No habrá risas. Las risas van por barrios, y a la Falperra no le toca por ahora. Bien es cierto que el que ríe el último ríe mejor. Cuando la ciudad se sacuda la marea negra le va a brillar la sonrisa. ¡Vaya que sí! Ya nos lo vamos mereciendo.