De profesión, independentista

Los profesionales del independentismo, los cabecillas de la secesión,

Los profesionales del independentismo, los cabecillas de la secesión, difícilmente podrán ser o hacer en el futuro otra cosa, o, cuando menos, alguna cosa más: Viven de eso. Descartado el mesianismo sacrificial que tantos especialistas atribuían, por ejemplo, al venático Puigdemont, del que aseguraban que arrostraría sin despeinarse fatigas, grilletes y penurias de todo tipo por la causa, por la Idea, no queda otra que tratar de explicarse la contumacia de esa facción por la necesidad que toda criatura tiene de encontrar y defender su lugar en el mundo, y, desde una perspectiva más materialista y grosera, la de encontrar y defender una colocación, un “modus vivendi”.
Los profesionales del independentismo catalán, que en éstos últimos días de campaña andan mirándose unos a otros como si se debieran dinero, hace algún tiempo que encontraron su lugar en el mundo, pero, por el ansia, quisieron inmatricularlo y estampar sus nombres en las escrituras. Lamentablemente, ese lugar, Cataluña, no era suyo, sino una multipropiedad de todos y cada uno de los españoles, y, por ese ansia que digo, no se conformaron con disfrutarlo en comandita, es decir, con disfrutarlo compartiéndolo, que es como más se disfruta de las cosas, y se lo quisieron apalancar para sí con la frustración posterior correspondiente.
También encontraron y aún defienden los profesionales del independentismo catalán su colocación, su “modus vivendi”, pero como, pase lo que pase a partir del 21-D, habrá de venir en el sector un ERE importante, menudean en ese mundillo los navajazos invisibles, que no por invisibles menos traperos (¡!) y dislacerantes, para ver de colocarse fuera del radio de ese expediente de regulación. El apego de esa gente que se dice idealista y desasida de cualquier ambición personal por el empleo muelle y bien remunerado se ejemplifica, sin ir más lejos, en ciudadanos como los señores Rufián y Tardá, que siguen cobrando un dineral por traicionar a la nación que les paga y por profanar conceptos superiores como “república” y “democracia.
Los profesionales del independentismo catalán siguen gozando, no obstante, de algún predicamento.