• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Independencia Fútbol Club

El terreno reglamentario para la práctica del fútbol es enorme, ciento y pico metros de largo por unos setenta de ancho, una hectárea más o menos

El terreno reglamentario para la práctica del fútbol es enorme, ciento y pico metros de largo por unos setenta de ancho, una hectárea más o menos.

En su superficie se puede hacer de todo futbolísticamente hablando, atacar, defender, correr, saltar, cabecear, chutar, desmarcarse, driblar, pifiarla, e incluso, aunque no es aconsejable desde ningún punto de vista, arrear alguna patada que otra en las espinillas del adversario o protestar airadamente las decisiones del árbitro.

Unas líneas blancas delimitan el terreno de juego para que todo eso discurra dentro de él y la cosa tenga algún sentido, pero en la Liga de las Españas hay un equipo, el Independencia Fútbol Club, que se empeña en jugar fuera de los límites del campo.

Fuera de esos límites naturales de la cancha, que son los mismos para los equipos en liza, no hay porterías, ni áreas, ni bandas, ni esquinas, ni puntos de penalty.

No hay campo, sino descampado, y en ese descampado sarpullido de ortigas, piedras, colchones mugrientos y de cuanto es consustancial a los descampados y a los solares, no hay, porque carece del dibujo, del cuidado, de las señales y de las dimensiones necesarias, ley.

El Independencia Fútbol Club, el club que, al parecer, concita gran entusiasmo en la mitad de la hinchada de Cataluña, insiste contumaz en jugar el partido en el patatal extramuros que su directiva se ha inventado y que pretende hacer pasar, contra toda lógica, por genuino y legal terreno de juego.

Cada cual puede hacer lo que quiera, pero no puede extrañar a los jugadores del Independencia Fútbol Club, que juega en la Liga de las Españas, que el árbitro les aperciba, les amoneste, les fría a tarjetas y hasta suspenda el partido cuando se empecinan en jugarlo, para pasmo del público y de los equipos rivales, fuera de las lindes que marcan el espacio de juego, a su aire, en franca confusión y desorden.

Y, sin embargo, a juzgar por lo malísimamente que les sientan las sanciones de los jueces y del Comité de Competición, parecen extrañarse sobremanera.

La ley, y no digamos la Constitución, ley suprema, es ese campo cuyos límites reconocen y garantizan la libertad del juego y su limpieza. El Independencia Fútbol Club, no obstante, se aferra al descampado.