• Sábado, 01 de Octubre de 2016

La herencia genética de Podemos

Heredamos los genes de nuestros padres,

Heredamos los genes de nuestros padres, es decir, que si no somos enteramente ellos, sí que somos como ellos, y esa herencia determina nuestra personalidad, nuestros actos y nuestros destinos, dejándonos escaso margen para labrarnos estos a nuestra particular manera. Esto, que lo sabe todo el mundo, no parecen saberlo ni Pablo Iglesias ni Íñigo Errejón, quienes, ahora que andan a la greña, disputándose la hegemonía en Podemos, parecen ignorar la carga y los imperativos de su herencia política. Hagan lo que hagan, digan lo que digan, haga lo que haga o diga lo que diga Iglesias, haga lo que haga y diga lo que diga Errejón, su destino político está marcado por la herencia recibida de sus padres, que no son otros que el PCE e Izquierda Unida, y sus abuelos, la III Internacional, Marx, Engels, Lenin y no sé, desearía que no, si Stalin.
Las escisiones generadas por las luchas por el poder interno son particularmente consustanciales a los partidos comunistas, y es curioso que Errejón, que quiere evitarlas en Podemos abjurando de puertas para afuera de su notoria identidad marxista, no haga con ello sino reforzar esa inevitable deriva de puertas para adentro.
Iglesias, su antagonista, ni se toma la molestia de disimular nada, rehén del narcisismo mesiánico y la irreflexión que le dominan, pero ambos no son sino los actores principales de un destino político no escrito por ellos, sino inscrito con caracteres indelebles en sus genes ideológicos, , no rectificables, en su imaginario y en sus vidas.
Como epígonos genéticos de aquella III Internacional, han querido zamparse a la II y a un tris están de expulsar de sí a la IV, pues visto está que no les cabe dentro. Sin embargo, siendo tan interesantísimo todo esto, la Historia que nos permite descifrar el futuro, no creo que se hable mucho de ello en el Máster que Podemos va a organizar en la Universidad Complutense a razón de 2.800 por barba presencial.
Se trata de un Máster de “Política mediática” (¿?), y, sumisos a la fuerza a su herencia político-genética, lo presentan como una cosa plural. Otro Marx, Groucho, escribió que “la humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria”. A la Universidad Complutense diríase que le ha pasado algo parecido: nunca voló muy alto (salvo excepciones), pero ahora, con másteres de traza tan pueril como este, se la ve gallinácea, de vuelo torpe, a ras del suelo. No somos nuestros padres, pero somos como ellos.