• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Halló su escopeta a mano

La ruina de Caja Madrid se ha cobrado, al parecer, una nueva víctima

La ruina de Caja Madrid se ha cobrado, al parecer, una nueva víctima, si bien ésta vez en una de las personas que contribuyó a la quiebra de la entidad. Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid por designio de Aznar y con el visto bueno de Izquierda Unida y Comisiones Obreras, solo necesitó 15 años para arruinar una caja de ahorros, la más importante de España, con tres siglos de existencia, pero, sobre todo, a sus clientes tradicionales, los ahorradores estafados con la emisión y venta masiva de participaciones preferentes, un producto de riesgo, enrevesado y tóxico que, comercializado fraudulentamente como de ahorro, se usó para sustraer los depósitos de los particulares en beneficio de una cúpula directiva que los saqueó a fondo y sin piedad.
En paralelo al respeto y al pesar por su deceso violento, seguramente un suicidio a tenor de los indicios y de la pericia de Miguel Blesa en el manejo de las armas, que alejaría la conjetura de un disparo accidental de la escopeta que le ha causado la muerte, cabe expresar también el recuerdo de la consternación que produjeron algunos de sus actos en vida, tan lesivos no solo para sus compatriotas, centenares de miles de los cuales fueron perjudicados gravemente en sus vidas y en sus haciendas por su nefasta gestión bancaria, sino también para las inocentes y hermosas criaturas de otras especies, amenazadas de extinción, que fueron víctimas de su compulsión cinegética.
Quince armas largas, todas de precisión y dotadas de una alta capacidad mortífera, atesoraba Miguel Blesa, una de los cuales, según parece, fue la que usó para quitarse la vida una mañana, antes de salir a cazar. Si la persona, que era básicamente como cualquiera de nosotros, sujeta a las mismas necesidades, contradicciones, carencias y emociones que cualquiera de nosotros, merece el máximo respeto, y pesar su muerte violenta, el personaje que se labró esa persona no habrá de recordarse por su capacidad para relacionarse bondadosamente, ni siquiera correctamente, con sus semejantes. Condenado a seis años de cárcel y apagada su estrella, tal vez ello contribuyó a su decisión de quitarse la vida. Y halló a mano su escopeta.