• Lunes, 18 de Diciembre de 2017

Un francés nos imita

El “performer” francés Abraham Poincheval quiere emular durante una semana la vida de los trabajadores españoles: introducido en un cubículo, solo dispondrá de un poco de agua y comida, un pequeño tubo para respirar lo justo para no morirse, y un teléfono móvil. 
 

El “performer” francés Abraham Poincheval quiere emular durante una semana la vida de los trabajadores españoles: introducido en un cubículo, solo dispondrá de un poco de agua y comida, un pequeño tubo para respirar lo justo para no morirse, y un teléfono móvil. 
La prensa internacional, tan fantasiosa, vende la “performance” de monsieur Poincheval como una acción para experimentar “la temporalidad del reino mineral”, pues el cubículo es una oquedad practicada en el centro de una gran roca, pero lo que de verdad va a experimentar la criatura es cómo viven hoy en España las personas honradas que ofrecen su trabajo, su esfuerzo, su salud, sus destrezas, sus madrugones, a cambio de un mísero salario, cada vez más mísero por cierto.
Una vivienda angosta, un poco de agua y de comida, un respiradero (alguna mínima expansión de vez en cuando) y un teléfono móvil, tales son las cosas de las que disfrutan los asalariados españoles, y los autónomos, ni eso. ¿Soportará el “performer” una semana experimentando la temporalidad de la gente? Puede que sí, pues el tipo ya aguantó trece días dentro de un oso disecado para experimentar, supongo, la temporalidad de la taxidermia, pero si no aguanta, no se agobiará como aquellos a los que emula, pues podrá usar el teléfono móvil no para atiborrarlo de aplicaciones majaderas, ni de escalofriantes grupos de “whatsapp”, ni de llamadas vacuas, sino para pedir a los de fuera que le saquen inmediatamente del pedrolo al mínimo indicio de ansiedad.
Para reponerse de semejante experimento, Abraham Poincheval ya tiene ideado el próximo, mucho más muelle e indulgente: pasará tres o cuatro semanas incubando huevos de gallina, y luego, cuando nazcan los pollitos, los adoptará. Como lo oyen. 
Si a los trabajadores españoles, y no digamos a los parados o a los autónomos, les diera por incubar huevos de gallina, no podrían, se los comerían, pero si pudieran, si pudiéramos, lo que nos comeríamos sería a los pollos. Y es que lo de Poincheval está muy bien como experimentos, pero a ver a quién telefonean los honrados trabajadores españoles para que les saquen del agobio, para que les saquen de aquí.