• Martes, 24 de Octubre de 2017

Dos divorcios

El calor que torrefacta de Península extrema el agobio y la inquietud que le producen a los peninsulares dos divorcios disímiles, pero divorcios ambos.
 

El calor que torrefacta de Península extrema el agobio y la inquietud que le producen a los peninsulares dos divorcios disímiles, pero divorcios ambos: uno, el de la ciudadanía con su clase política, incapaz de empezar el trabajo para el que fue designada, que no es otro que resolver los problemas que afligen a la nación, y el otro, ese del que se van teniendo noticias desoladoras al socaire de la desaparición de Diana Quer, cuyo único rastro son los ecos del odio que se profesan sus progenitores.
A la vuelta de las vacaciones, se registra el más alto número de divorcios. Los detalles que trascienden del protagonizado por los padres de Diana revuelven las conciencias y los corazones de muchas parejas que hoy deambulan por los aledaños de ese trance casi siempre traumático. El calor que despoja a Córdoba y a Sevilla de sus cetros candentes para socializarlos y extenderlos por toda la Península, contribuye a la desazón. Sólo los canarios pueden hoy digerir esas noticias, esos detalles, con templanza.
Dos divorcios. El uno, sus ecos y sus consecuencias, apoderándose del foco de atención sobre la desaparición de Diana Quer, a la que parece habérsele tragado la tierra. El otro, el político, quitándole las ganas a los españoles de volver a votar, o de prestarle la más mínima atención, a esa panda de ineptos y holgazanes que acreditan desde hace diez meses su mediocridad y su idiocia. Si el divorcio de sus padres pudo ser fatal para Diana, ¿qué decir del divorcio de los ciudadanos respeto a la política? Dos divorcios disímiles, pero dos divorcios. Y el sol, desde arriba, machacando.