• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Dirección única

Existía el partido único, el pensamiento único, el plato único,

Existía el partido único, el pensamiento único, el plato único, y ahora Carmena se ha inventado la dirección única, bien que momentáneamente solo para un par de calles del centro de Madrid en días de grandes aglomeraciones humanas. Como vivimos tiempos de fuerte regresión democrática y de desmantelamiento de los derechos civiles, no parece que este brutal y majadero atentado contra uno de ellos, el de la libertad de circulación, haya suscitado el menor escándalo ni resistencia alguna. Se trata, sin embargo, de una amputación de la libertad que trasciende los límites de la mera alcaldada.
Si un sitio, cualquiera, desborda su aforo, y con ello se pone en riesgo la seguridad de las personas o el derecho y la eventual necesidad de circular que estas tienen, se limita la entrada, y punto. Mas como quiera que esa limitación perjudicaría a los comercios que sarpullen las calles en cuestión, Preciados y Carmen, que necesitan una afluencia masiva de potenciales compradores, el Ayuntamiento de Madrid no la limita, sino que limita el derecho de los transeúntes a caminar en la dirección que quieran. Impedir que se congestione una calle tiene un pase si las circunstancias lo requieren, pero obligar a los ciudadanos a desplazarse como borregos, no, de ninguna manera.
Ahora bien; esto de la dirección única no solo es cosa del municipalismo experimental neosoviético que se practica en Madrid, donde lo que no está prohibido es obligatorio, sino también de otros territorios políticos, de los del independentismo catalán sin ir más lejos. ¿Se concibe una dirección más única que la del pensamiento de sus seguidores? En ese mundillo ya no hay, ni derechas, ni izquierdas, ni ácratas, ni verdes, ni nada, sino independentistas agavillados en una sola causa, en un único propósito, bastante espúreo por cierto.
Bien es verdad que los exconsejeros de la Generalitat en prisión preventiva han tomado en las últimas horas dos direcciones, unos hacia casa y otros de vuelta al talego para perjuicio, no solo de sus personas, sino de las elecciones catalanas, pero también es verdad que incluso esa doble dirección es producto de las siempre indeseables direcciones únicas.