• Domingo, 22 de Octubre de 2017

El consuelo imposible del PSOE

El que no se consuela es porque no quiere.

El que no se consuela es porque no quiere. Semejante dicho apela a un recurso de supervivencia no tanto para la vida, en la que a veces no hay consuelo posible, como en la valoración de los resultados electorales. Sin embargo, incluso en esa valoración también hay el que no se consuela porque no puede. Y el PSOE, francamente, no puede. En el País Vasco, Bildu, que ha perdido cuatro escaños en relación a las anteriores autonómicas, se consuela pensando que podía haber perdido más y que, pese a todo, se consolida como la segunda fuerza y primera de la oposición. Podemos, que ha perdido nada menos que la mitad de los cosechados en las generales, dice estar más contento que unas castañuelas porque ha pasado en Euskadi de cero a once, y el PP, cuya irrelevancia se ahonda con la pérdida de uno de los pocos escaños que tenía, se muestra eufórico porque con él pierde lo que más quería perder, de vista a Ciudadanos. Todos los que han perdido, contentos, pero el PSOE no es que haya perdido, sino que en el recuento de las papeletas casi no ha habido manera de encontrarlo.
En Galicia ha ocurrido otro tanto en lo tocante a los ardides del consuelo: En Marea-Podemos está que se sale porque ha logrado lo que, al parecer, es luz y guía, suma y cifra, de su existencia, sacar más votos que los socialistas, pese a que se trata de un “sorpasillo” que no le alcanza para superarles ni en un escaño. El Bloque, por su parte, se consuela de la pérdida de uno porque temía mayor hemorragia, pero el PSOE, que podría querer consolarse con su empate con Podemos, no quiere porque no puede, porque engañarse, que tal cosa es el auto-consuelo, no le sirve de nada en su actual situación y a éstas alturas.
El PSOE, hay que decirlo, se ha quedado gagá en Galicia y en el País Vasco, y, al paso que lleva de derrotas en los últimos tiempos, pudiera ser que en casi toda España. Gagá por dentro y por fuera, de contenido y de continente, de alma y de cuerpo, y, desde luego, de imagen, que la da anticuada y penosa. Lo más grave para él, sin embargo, es que sus males, su desconexión del presente, no son cosa de Sánchez, sino que hunden sus raíces profundamente. Los debeladores del aún secretario general, Page, Díaz, Fernández Vara, o sea, los barones esos, no traen nada más sólido, ni más actual, ni mejor, pese a que se lo creen por el poder territorial que tienen, pillado de chiripa y en trance de perder. Hay quien, como el PSOE, que no se consuela porque no puede.