• Domingo, 22 de Octubre de 2017

Colombia los busca, España no

España seguirá ostentando el siniestro título de segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos

España seguirá ostentando el siniestro título de segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos, sólo superado por Camboya. Podía Colombia, tras la guerra civil de medio siglo de la que ha salido recientemente merced a los acuerdos entre el Gobierno y las FARC, habernos disputado semejante deshonor, pero sabemos, por las noticias que recibimos de allí, que de la búsqueda, exhumación e identificación de los restos de los asesinados por el Estado, las guerrillas y los paramilitares, Colombia quiere hacer una cuestión de honor, de honor nacional, precisamente.
Una nube de fiscales, comités, asociaciones y equipos forenses buscan ya por las selvas y las quebradas del país a las decenas de miles de colombianos desaparecidos, víctimas de la represión y el genocidio, cuyos restos se pudren en fosas comunes o a la intemperie cubiertos por la maleza. Entre 65.000 y 150.000 se cifra el número de esos desaparecidos, y en un punto medio entre esos guarismos se halla el de los nuestros, unos 100.000 cuyos restos aguardan, tirados en cualquier parte, que el Gobierno español cumpla la Ley y libre los recursos necesarios para proporcionar a los que hallaron una mala muerte en la furia erradicadora del franquismo, lo mínimo, esto es, una digna y nominada sepultura. A los desaparecidos colombianos se les busca, a los españoles no.
El presidente de ese Gobierno que ignora y conculca la Ley en lo tocante a la búsqueda de los desaparecidos de la Guerra de España, Mariano Rajoy, hace mucha gracia cuando se trabuca y suelta frases desopilantes, los vecinos del alcalde, los sentimientos con seres humanos y esas cosas, pero no hace ninguna, radicalmente ninguna, cuando alardea de no haber librado ni un solo euro en cinco años para dotar el cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica, vigente pero, por su lenidad, como si no lo estuviera.
La guerra civil de Colombia duró casi cincuenta años, y la de España, menos de tres. Allí, aunque seguramente con limitaciones y de aquella manera, se busca a sus desaparecidos, para devolverles el nombre, al poco de firmada la paz. Aquí, los nuestros siguen donde cayeron ochenta años después.