• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Cenar a las siete

La inefable ministra Báñez parece decidida a que los españoles cenen a las siete de la tarde.

La inefable ministra Báñez parece decidida a que los españoles cenen a las siete de la tarde. Otra cosa es que con sus políticas salariales los españoles tengan algo que cenar. Sea como fuere, el caso es que el Gobierno, tan incumplidor de sus promesas electorales, quiere dar cumplimiento a la que tiene que ver con la conciliación familiar de los trabajadores, muy vinculada, al parecer, con el cambio de nuestro huso horario, que sigue siendo el de la Alemania nazi. Lo de la conciliación familiar, y toda vez que no está siendo urdido por sociólogos, ni por psicólogos, ni por las familias, sino por Báñez, consistiría en que la gente salga de trabajar a las seis, y lo del huso horario, que cene a las siete. ¿Una chorrada? Debe serlo, pues a todos los partidos con representación en la Cámara parece haberles gustado la idea.
Ahora bien; que nadie piense que eso de la conciliación familiar de Báñez se corresponde con la benéfica intención de que los trabajadores tengan vida más allá del curro, una vida digna y enriquecedora se entiende. En absoluto: lo que quiere el Gobierno con sus medidas de flexibilidad de las jornadas laborales es que los trabajadores produzcan más, esto es, que generen mayores plusvalías para beneficio de sus empresas. Se ve que al Gobierno le han dicho en Europa que cuando la gente está contenta, se escaquea menos y rinde más, y no se lo ha pensado dos veces. Ni una vez, diría yo.
Porque, aparte de que lo que contenta a los trabajadores no es salir a las seis, sino recibir la justa recompensa a su esfuerzo, así en salario como en consideración y realización personal, serían muy pocos los que podrían acogerse a esa novedad vespertina. Ni los camareros, ni los policías, ni los ferroviarios, ni los médicos, ni los periodistas, ni los dependientes de comercio, ni casi nadie podría hacerlo aunque quisiera. Además, y esto va tanto con los que podrían como con los que no, ¿para qué demonios salir a las seis? ¿Para cenar a las siete? Casi mejor que no.
Al franquismo no le gustaba el término “obrero”, de resonancias izquierdistas, y se inventó el eufemismo de “productor”. Producir, producir, producir; ahora con el cebo de los espejuelos y las cuentas de vidrio de la conciliación familiar pretenden que vuelva el “productor”. Aquí lo único que progresa es la regresión.