Verbenas, festivales y conciertos de pago

El cantante de soul Wilson Picket hizo bailar, en el siglo pasado, allá por 1966, a cientos de miles de jóvenes de todo el mundo con aquella “Tierra de las mil danzas”.

El cantante de soul Wilson Picket hizo bailar, en el siglo pasado, allá por 1966, a cientos de miles de jóvenes de todo el mundo con aquella “Tierra de las mil danzas”. Tomando como referencia el título de esta canción, al llegar el verano, podemos afirmar que Galicia se convierte en la “Tierra de las mil verbenas y festivales” y me quedo corto. Ciudades, villas y aldeas se ponen en “pie de fiesta” y organizan festejos para celebrar el día del santo patrón o patrona, en los que las comisiones de fiestas trabajan durante meses para lograr que la suya sea la “más mejor” de su entorno con las aportaciones de los vecinos que puedan paliar el caché de las orquestas o bien optar por charangas o los socorridos DJ’s . 
¡O caso e bailar!, dicen en mi aldea, aunque lamentablemente la opción de los grupos tradicionales de gaitas, a pesar de que  se contemplan como un “añadido” festivo, está perdiendo presencia, aunque las bandas de música resisten el envite de la “modernidad”. Son meses en los que las buenas orquestas gallegas, que tienen fama nacional, recorren Galicia sin apenas descanso. A estas celebraciones populares, de un tiempo a esta parte, le ha salido la competencia de los festivales de rock, de pop, folk, o de trama “indie”, donde se cobijan variedad de “especímenes” musicales, convirtiendo el verano en un hervidero musical. 
Inicialmente, los festivales nacieron “gratis” bajo el patrocinio de ayuntamientos, que mayoritariamente los incluían en el presupuesto de fiestas. Pero los recortes de la crisis achicaron el manantial presupuestario e  hicieron pasar por taquilla a quienes disfrutaban de esa gratuidad. Aún quedan festivales gratuitos, cuyos costes son cada día mayores, si quieren que sean competitivos, para lo cual hay que contar con artistas de renombre y asumir unos altos costes en su producción y montaje. 
Estos festivales gratuitos, que cada vez son menos, pero los hay, tienen sus recursos en ayuntamientos y organismos oficiales, que apuestan por mantener su celebración, entre otros aspectos, por suponer un reclamo turístico, y en firmas comerciales que actúan como “mecenas”, incluso en los de pago. Y así, entre verbenas, festivales y conciertos de pago –muchos de ellos con entradas agotadas a pesar de los altos precios– la música ambientará el verano gallego que se presenta muy “cálido” y no solamente por los ritmos latinos. ¡Festa rachada!.