Bibiano: Adiós a un indispensable de la música gallega

Menudo año. De nuevo tengo que “despedir” a un amigo, a un compañero de “andanzas musicales”

Menudo año. De nuevo tengo que “despedir” a un amigo, a un compañero de “andanzas musicales” con quien compartí momentos de alegría regados de alguna  “discusión” ocasional por discrepancias “territoriales” –como en el fútbol, en la música también había “rivalidades” entre Vigo y A Coruña–  que siempre terminaron en abrazos. 
Bibiano Morón se fue de repente a los 66 años. Nuestra amistad venía de lejos, de los tiempos de Voces Ceibes, y se prolongó a través de las sucesivas etapas artísticas de “Bibi”, como le solía llamar. Dentro del colectivo de Voces Ceibes, aportaba su tendencia innovadora incluyendo en su quehacer una orientación musical que se salía de la norma del folk acústico y coqueteaba con el rock incluyendo percusión y guitarra eléctrica, lo que le generó –como en su día a Bob Dylan en el Festival de Newport de 1965 cuando apareció en el escenario con una guitarra eléctrica– una incomprensión y repulsa por parte de quienes no supieron apreciar en aquel momento la valía de su aportación. 
Tras su permanencia en el  “Movemento Popular da Canción Galega” junto a la mayoría de los músicos gallegos comprometidos,  que fue inicio de una nueva etapa en la que la canción gallega se desarrolló libremente dentro de unos cauces regidos por la libertad y el profesionalismo, llega el primer trabajo en solitario de Bibiano Morón: “Estamos Chegando o Mar” (CFE, 1976) con Alan Milhaud en la producción, donde muestra su capacidad para unir tradición y modernidad en su contenido. 
Un año más tarde edita “Alcabre” y por “militar” en la misma compañía discográfica sigo de cerca la promoción del disco que tendría una buena acogida. 
Dos años más tarde llega su tercer disco, “Aluminio”, con el que se creó una polémica, seguida de abundantes críticas, por el “atrevimiento” de “electrificar” el Himno Galego. 
La incomprensión enfrió el ánimo de Bibiano, que abandonó la música profesional  para abrir en Vigo la discoteca Kremlim, uno de los “santuarios” de la movida viguesa. 
Desde allí empezó su dedicación a la promoción de conciertos y a apoyar a las bandas noveles que lo llevó a convertirse en un organizador y programador de prestigio de conciertos de gran nivel nacional e internacional. 
Se fue un músico que con su creatividad, no siempre comprendida, tejió nuevos ropajes para la música gallega. Un indispensable de la música y la canción gallega. Buen viaje amigo.