15:51 h. Viernes, 01 de agosto de 2014

 

SIN SITIO PARA LO RACIONAL

Manuel Ferreiro |
Redacción | Actualizado 07 Marzo 2013 - 00:49 h.
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Pocas cosas sirven para explicar tan bien la diferencia entre lo pasional y lo racional como el fútbol. De hecho, son demasiados los seguidores de los equipos que no solo parece que cada vez que acceden a un campo se dejen el cerebro en la puerta, sino que, además, son capaces de ocultar bajo el siempre inocente amor a unos colores cualquier atisbo de inteligencia, por ínfimo que este sea.

No es que el fútbol sea un deporte para estúpidos, sino que la estupidez, por desgracia, se adueña de las mentes de muchos, demasiados, hinchas. Solo así se puede comprender que haya quien sea capaz de partirse la cara con otro ser humano por el mero hecho de apoyar a un club distinto al de sus amores, que un energúmeno tire una bengala en medio de una grada abarrotada o que ni la memoria de los muertos se respete, sobre todo si los cadáveres son del equipo rival.

En nombre de la supuesta defensa de un escudo y reivindicando un sentimiento localista, se han cometido crímenes, desfalcos y atrocidades y hasta la Justicia ha preferido mirar para otro lado en aras de evitar una reacción todavía más violenta de quien, amparado en la grada y con una camiseta casi siempre ridícula, se sabe intocable.

Imbuidos de este ambiente, los sentimientos se disparan hasta el infinito y las desgracias se acrecientan en la misma proporción en la que los seguidores son capaces de celebrar un triunfo.

No hay espacio ni hueco para lo normal o lo racional. Todo se mide en la dimensión de los sentimientos y, por lo tanto, cualquier intento por entender o comprender lo que sucede en torno a un determinado club, si uno no participa de su liturgia para iniciados, es absolutamente imposible.

Por ello, es normal que ahora que el Deportivo atraviesa un mal momento en lo futbolístico y agoniza en su gestión surjan, a la sombra de los negros augurios, visionarios que se atribuyen el don de conceder el certificado de deportivista.

Ellos son los que eligen a esa élite a los que se puede considerar mitos del Deportivo sin darse cuenta de que en la categoría de los mitos solo entran aquellos seres que no existieron en la realidad.

Es decir, ni tan siquiera la medianías a las que por amistad y proximidad defienden podrían encuadrarse en esa categoría, puesto que su existencia es tan real como la de todos aquellos a los que niegan su condición de figuras dignas del recuerdo y minimizan sus éxitos dando el mismo valor a remontar un 2-0 que a levantar una Liga.

No importan ni los goles, ni el tiempo, ni la entrega, ni los sacrificios, ni las lesiones, ni las renuncias a, quién sabe, una vida mejor. Esta caterva de estómagos agradecidos solo reconoce a quienes están ya muy lejos para leer sus halagos o a quienes, de una u otra manera, les pueden beneficiar. Negro es el futuro del Deportivo cuando por todas las esquinas surgen vendedores de soluciones mágicas que ya se han demostrado mil veces inútiles.