• Martes, 24 de Octubre de 2017

Frikis al poder

Es probable que el proceso entrópico comenzara por los medios audiovisuales, o sea, por la televisión

Es probable que el proceso entrópico comenzara por los medios audiovisuales, o sea, por la televisión, pero la culpabilidad se reparte entre toda la sociedad que aplaude o atiende, según sus preferencias y, por tanto, sanciona. Bajo el principio filosófico “la mierda no puede ser mala, cuando les gusta a millones de moscas”, la exageración estadística deviene en dictadura y, poco a poco, los frikis han llegado al poder. Si, según Unamuno, un pedante es un tonto estropeado por el conocimiento, un friki vendría a ser un extravagante deteriorado por la falta de conocimientos. A mí, los extravagantes me gustan. En principio. Al menos, me gustan un poco más que los aburridos mediocres, pero si tras la extravagancia no existe nada más, o, peor aún, hay una ambición tan calculada como un contable, que se quiere basar en la rareza para obtener alguna cota de poder, entonces deja de interesarme, porque se trata de otro de los frikis, sector político.
Los frikis de bodas, embarazos, bautizos y separaciones tienen acotado su espacio y no causan ningún perjuicio a los demás, porque basta no leer las revistas en donde salen o no ver los programas en los que aparecen. Lo malo es cuando el friki llega a presidente de la Diputación Provincial, pongo por ejemplo, y comienza a aplicar su ignorancia sobre el padrón. Hay que partir de la advertencia de que el friki es osado, porque ningún tímido obtuvo nunca el carnet de friki. Y la osadía, que suele ir pareja con el desconocimiento, puede llegar a ocurrencias que sólo se le pueden ocurrir a un friki.
Hay una gran ciudad, de cuyo nombre no quiero acordarme, donde el equipo municipal pretende restringir la velocidad a 30 K/h. Puede que haya algún experto que logre advertir de los enormes atascos que pueden derivarse de la medida, pero es difícil porque en los asuntos espesos y municipales los frikis suelen actuar en cooperativa. Ya hubo un ministro de Franco, de Educación, tan friki que dispuso que el curso escolar comenzara el 7 de enero y terminara el 22 de diciembre. Duró poco, pero demostró que los frikis logran sobrevivir incluso en las dictaduras.