• Martes, 24 de Octubre de 2017

Desiguales ante la ley

Alguien dijo que todos somos iguales ante la Ley...

Alguien dijo que todos somos iguales ante la Ley... todos los que se puedan pagar un buen abogado. En España, además de esa diferencia en la elección de un buen representante legal, parece que hay diferencia según la autonomía en la que habites. Por ejemplo, en Cataluña debe haber alguna bula especial, mediante la cual, se puede delinquir y no acatar lo que digan los jueces, sin consecuencias. Y no me refiero a la mafia familiar Pujol, que puede que antes de se casen mis nietas, a lo peor, tienen que responder a un tribunal, sino a esa continúa desobediencia, sea para devolver unos objetos de arte adquiridos ilegalmente, sea para burlarse del Tribunal Constitucional.
Los ciudadanos normales, carne de expediente, que no vivimos ni ejercemos la política en Cataluña, estamos sometidos a una vigilancia que comienza en el lugar donde dejas el coche en la calle, parado, y concluye en que, ahora, hay que pagar por los regalos de boda recibidos. Es más, el lenguaje administrativo con el que la Administración se dirige a nosotros es, no ya descortés, sino conminatorio y de un autoritarismo casi medieval. La última vez que dejé de pagar una multa de coche aparcado fuera de hora, recibí una carta que parecía dictada por un sátrapa. Se trataba de algo más de 100 euros y se me advertía, de manera admonitoria, que mis cuentas corrientes abiertas en los bancos quedarían secuestradas y, naturalmente, mis bienes embargados. Por algo más de 100 euros. Llegué a sospechar si es que el coche, en lugar de estar quieto, junto a la acera, se había puesto solo en marcha y había atropellado a alguien.
Toda esta severidad que parece digna de, no ya de un funcionario, sino del chamán de una teocracia, se vuelve líquida mantequilla si el que incumple la ley en asuntos tan peligrosos como la sedición es un político catalán. Y esta palmaria distinción en el trato, esta evidente discriminación, que depende de si vives en Calatayud o en Barcelona, molesta o, por decirlo de manera castiza, jode bastante. Porque es la desazonante comprobación de que no somos iguales ante la Ley.