1:41 h. Miércoles, 03 de septiembre de 2014

 

A BOFETADAS

Julio C. López | Mar de Fondo
Redacción | Actualizado 08 Noviembre 2012 - 02:06 h.
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En el paleozoico de la vida, allá donde los pantalones cortos y las rodillas despellejadas, era moneda común el rifirrafe callejero entre pandillas de arrapiezos ansiosas por controlar un territorio. Tras los empujones de rigor, solía caer algún sopapo. El agredido enviaba entonces un órdago en lo que habría de ser un torneo de amenazas con la esperanza de intimidar al contrario. “¡Eh, que mi padre es policía!”, espetaba. No se quedaba atrás el otro: “Pues el mío es capitán”, y así seguían “...inspector”, “...comisario”. Los progenitores de cada baladrón pasaban luego de los cuerpos policiales al Ejército. “El mío es comandante”, “....el mío coronel”, “...general“. Llegados hasta al límite en la cadena de mando, al que le tocaba el turno le quedaba dar solo un paso e ir de farol. Y con voz trémula revelaba: “¡Mi padre es Franco!”. Segundos de silencio sepulcral y... ¡alto ahí! Esa no cuela. Y no colaba. Así que de las palabras se pasaba a los hechos. A pedradas. Habría habido más de una crisma rota si la frutera no diese por concluida a escobazos la contienda. “¡Largo de aquí, que me vais a romper el escaparate, mamarrachos!”.

Estas cosas acaban siempre así. Las aspiraciones secesionistas de Cataluña con las que se nos está dando la matraca, por ejemplo. Ya se oyeron las primeras fanfarronadas por parte de ese tipo de políticos que viven de fábula. Uno propuso mandar a la Guardia Civil. Otro le respondió que los Mossos d’Esquadra habrían de estar prestos para lo que les ordenase el gobierno que les paga. Lo que no sabemos es si los agentes de los cuerpos mencionados irían al campo de batalla en su versión robocop o lo harían con sus alpargatas, los segundos, y con sus gorrillos acharolados, los primeros. O sea, la España cañí a la que solo le falta Carmen la de Merimé y el pelmazo de Hemingway. El caso es que tenemos aquí la escalada de fanfarronadas. Los monos de Kubrick haciendo aspavientos en la charca. De momento se está yendo de boquilla. Lo más lógico es que el pulso de los independentistas desfallezca y sus ilusiones se desinflen. Ningún Gobierno permitiría que le guinden por la filosa una parte del territorio sin oponer resistencia. De antiguo estas cosas se dirimen de una manera: a hostias. Uno de los micos del abrevadero habrá descubierto qué se puede hacer con un fémur y lo blandirá para empezar a partir cráneos. Y ya estaremos metidos en el fregado. Así que si no sale pronto la frutera con el escobón lo hará la güesa con la guadaña.

En este último caso que no cuenten conmigo. Como en su día mi abuelo, un gallego emigrado a Cuba, que solía venir por primavera para ver a la familia y cuyo ardor patriótico era inversamente proporcional a su olfato. Cierto día, allá por mayo del 36, dicen que dijo con su deje cubano: “Chico, aquí empieza a oler a pólvora...”, y se dio el piro, puso unas 4.700 millas marinas de por medio y no se le vio por aquí en varios años.