• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Turismo y turistas

Yes que hay turistas y turistas. Tenemos el caso del ministro Dastis

Yes que hay turistas y turistas. Tenemos el caso del ministro Dastis en Ecuador. O sea “fuera” y él, claro, de Exteriores ¿?, y otro ministro, Soria, hoy ex, que goza de la protección de un ministro y cuando lo era viajaba, también, invitado.
Uno y otro, en sus viajes, no están sometidos a la tumultuosa “banda” de los turistas, al igual que el cuarenta por ciento de los españoles que no pueden irse de vacaciones pues su salario no lo permite.
En el caso del señor Dastis hay algunas curiosidades: dicen en el ministerio que se pagó el viaje, ¿y por qué, si luego defienden que fue a trabajar? Viajaba con su “santa”, con lo que era un avanzado en eso de conciliar la vida familiar profesional. La pregunta del millón, y como epitafio final, ¿si era un viaje privado, cómo no se pagó un hotel y, si era oficial, por qué se pagó el viaje en avión?
Y hablemos un poco de algunos turistas: de los que se pasean en “pelota picada” por las calles; los que se emborrachan desde el minuto uno hasta su salida por la frontera.
Los que promueven peleas ruidosas de madrugada perturbando la vida normal del resto de la ciudadanía. Los que vienen a la llamada de “alcohol y sexo”.
Repartamos la culpa entre ellos y los gobernantes, de forma especial las locales; de los negociantes que miran para otro lado mientras la caja registradora “suene” sin parar.
Los que venden la bebida a rapaces que no pueden adquirirla y los lugares de copas que no cumplen los horarios.
Tenemos también el turista “low cost” poco rentable, personas con todo el derecho a recorrer el mundo con poco dinero, pero ¿no lo hacen a diario miles de trabajadores, en su recorrido diario?, ¿no bracea gratis nuestro presidente, por los alrededores de Sanxenxo? Y muy cerca, en las Cíes, ante la indiferencia de nuestros ¿responsables?, de dobla la cifra de visitantes…
¿Ciudades y pueblos que sufren una invasión que trastorna su vida cotidiana? Muchas. Y luego tenemos otros “daños colaterales”, a saber: ¿cuesta igual limpiar una ciudad cuando “soporta” en época vacacional un aluvión de visitantes? ¿Y el gasto de agua? ¿Y todo esto no justifica el euro por turistas y día para que no paguen los aborígenes?
Naturalmente que “la turismofobia” que practican algunos radicales es repudiable y las autoridades tienen que tomar nota y, sobre todo, medidas. Con el turismo, con los turistas y con los ministros.