• Domingo, 18 de Febrero de 2018

Proceso reconstituyente

Con esto del procés –y las elecciones nacidas al amparo del 155– ya son muchos –políticos, periodistas, intelectuales y ciudadanos del común– que hablan de un proceso que cambie, mejore, la Constitución del 78. Curiosamente, desde el gobierno y el partido que le apoya, con la conocida asunción del PSOE y Ciudadanos, ya se ha dicho que no se puede reformar para complacer a los que lo piden insistentemente sino para alicatar algunas cosas que a ellos no le gustan.
A un servidor le gustaría más “un proceso reconstituyente”, como ya proclamo desde este balcón, teniendo en cuenta que se trata del “remedio que tiene la virtud de devolver (al organismo) sus mejores condiciones. Algo, pues, reconfortante.
Tal vez convenga recordar los principios de la Constitución que hoy tenemos y que está un “pelín” de cumplir cuarenta años: fue un acuerdo principalmente, entre los que habían convivido con el régimen anterior (UCD y AP, luego PP) y la asunción de la izquierda por aquello, ya dicho aquí, de “susto o muerte”.
No está de recordar que el asunto de la España de las autonomías  no contaba con la simpatía de Fraga ¡que luego acabó dirigiendo una!, y que el cambio de paisaje se hizo según los intereses de la mayoría ya citada: están las históricas, está el lío de Andalucía con cambio de normas a la mitad del partido o la chapuza de Castilla-León por citar solo algunas de las “genialidades” (café para todos, es como un queso), las frases más escuchadas por aquel entonces.
Parecían contentos los que gritaban por aquel entonces “libertad, amnistía y autonomía”, pero entonces desde el poder ¿y para evitar que las autonomías tuvieran demasiado poder? pusieron en marcha un poder judicial –elegido por cuotas por los grandes partidos– al que se acude, –el PP en varias ocasiones– y, además, las relaciones, las cesiones, la colaboración, con la España autonómica desde el ejecutivo central, marcha peor que regular y, si esto fuera poco, desde el Ministerio de Hacienda se emplean a fondo para repartir de forma partidista dineros y cesiones.
No habrá que añadir que el señor Rajoy y los suyos recogían firmas en la calle y, anda ya, ahora aquellos pirómanos, se visten de bomberos pidiendo que cese el boicot a los productos catalanes. Como estará el patio que Galicia y Castilla-León, Asturias, Valencia –de partidos distintos – piden un cambio. Pero de verdad. Reconstituyente. Reconfortante. Para todos.