• Lunes, 20 de Noviembre de 2017

La verdad. Solo la verdad

antes fue aquello de “la verdad, toda la verdad con la ayuda de Dios”.

antes fue aquello de “la verdad, toda la verdad con la ayuda de Dios”. Ahora, en los actos oficiales, dicen que lo juran. Y ya, lo más moderno, es la posverdad, que hace furor entre los políticos y es como el salvavidas (salva-conciencias) para algunos colegas de profesión.
Durante un tiempo fue un “sindios” pues nadie tenía, la cosa muy clara hasta que la Real Academia de la Lengua, después de unos carraspeos dictó: “Es información que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”.
Y que, cocinada de forma conveniente se aleja de la verdad, de toda la verdad y de solamente la verdad. ¿Cómo se lo explico, amigo lector…?
Con una parábola, un género muy usado tiempo atrás. Los hermanos Dalton robaban un tren, un banco o un poco de oro, allá en el lejano Oeste. Lo reconocían –desde la cárcel, claro– los de la banda, los robados, la serie de los billetes afanados y los testigos presentes en la fechoría. Luego el sentimiento popular y las novelas la época los absolvían como héroes.
¿Otro ejemplo más moderno? Aquella señora en Valencia, destacada miembro del PP, le cuenta a su hijo por teléfono el blanqueo de dinero de su partido, a través del pitufeo, añadiendo que lo sabían todos, incluida doña Rita Barbera (d.e.p.).
Entre creencias, emociones y deseos del partido, se convierte en posverdad. Ayuda mucho la brunete mediática y los juglares populares con sus cánticos.
¿Otro ejemplo, como el del Far West?. Hay unos señores que reconocen que dieron dinero a un partido; otros confiesan haberlo recibido y uno lo pone por escrito.
Luego rompen el ordenador a martillazos y, finalmente, los que en sede judicial no saben, no les consta, nadie se lo contó. Esto último es la posverdad, como explica el profesor Meilán Gil : “ una narración construida a partir de hechos que, reinterpretados y manipulados, se empaquetan como producto para el consumo…”.
Ahí tenemos, como otra prueba, los datos que facilita el gobierno sobre el maná del turismo. Bien empaquetado, reinterpretados, es la posverdad. La verdad tiene otra lectura: la precariedad laboral de los trabajadores (1,50 por limpieza de habitación), en contratos que unos son de horas y otros semanas. Y eso lo celebra Rajoy en una fiesta con su amigo el hostelero Amancio López.
Tanta manipulación, ya no cuela. Cheira que fede.