• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Increíble, ¿no?

En mi barrio hay una casa de veintisiete pisos y en su patio llueve cuando llueve en los demás

En mi barrio hay una casa de veintisiete pisos y en su patio llueve cuando llueve en los demás. Lo raro es el presidente de la comunidad, que pese a su pasado, acude y pontifica en cada reunión.

Lleva de presidente la tira de años, en varias elecciones dopado, y le denunciaron por pagar en negro unas obras.

Cuentan que en su oficina rompió el ordenador para que no se descubriesen sus trampas, puesto que la justicia le había acusado por estar en medio de distintas corrupciones.

Tiene a una serie de colegas que ya han ingresado en la cárcel y otros tantos al pie de los juzgados, acusados también de corrupción.

Los vecinos le han reprobado la actuación de varios de sus colaboradores. Y va, y con todo el morro, acude a las reuniones, rajando con unos y otros. Increíble, palabra de honor.

Esto ocurrió el jueves pasado y los vecinos están hartos, cabreados y quemados. Cuando van por ahí les señalan con el dedo, ahí van los vecinos de este….

Y si te cuentan que es el presidente de la comunidad, el colmo. Espero impaciente que le “boten” al votar en las próximas elecciones.

Se habrán dado cuenta de que esto es una parábola y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Esto no puede pasar en Europa.

En la ciudad en donde vivo, el presidente ¿? del Puerto confesó ante los micrófonos de la cadena SER que eso de hacer preciosa la fachada marítima y el traslado de lo que por ahí todavía queda, nos costará a los coruñeses un poco más de cuatrocientos millones de euros o algo así, que un servidor pasando de la cifra de la pensión, ya no le salen las cuentas.

Parece ser que antes en Bilbao y Valencia eso lo pagaban en Madrid, pero, según dijo el señor presidente, era en la época de las vacas gordas, cuando había dinero para el aeropuerto de Castellón o, no sé si lo dijo o no, en aquella época también rescataron las autopistas radiales de Madrid y aquí, gracias a una generosa prórroga, tenemos que pagar otros sesenta años la AP-9, es decir la del Atlántico. ¿Increíble, no?

Finalmente dijo que se podía pedir una rebaja a papá Estado, o todo el dinero a los Reyes (Magos, claro) algo normal en un país tan aficionado a pedir los milagros al cielo, después de que en la tierra los que nos mandan no hagan nada más que enredar, dilapidar los cuartos en época de bonanza y asarnos luego a impuestos.