¿Hoy hay proceso?

Si lo piensan hoy es el día “cero” del procés y esta noche sabremos si todo queda como está, si el viento sopla de un lado u otro o si es ¡otra vez! el principio, pues las elecciones no fueron el bálsamo que todos esperábamos. Eso, el llamado proceso catalán, lo están decidiendo ahora los ciudadanos de Cataluña.
Por otro lado, se avecinan otros seis procesos, pues la justicia investiga la financiación ilegal del PP en seis casos de corrupción. Desde los papeles de Bárcenas hasta la operación Lezo. Todos tienen una pauta en común: los que aportaban fondos opacos (dinero en B) al PP siempre resultaban beneficiarios de contratos públicos y, en los seis casos, el receptor (PP) falseaba facturas para camuflar esas donaciones.
El asunto (bueno, los seis asuntos) llegan rodeados de ruido y sospechas. Las acusaciones populares –ellas levantaron las alfombras, buscaron entre las cloacas del poder– impugnan la decisión de alterar con carácter retroactivo la composición del tribunal que juzgará la “caja B” del PP y las otras cinco piezas a las que se aluden al principio de este comentario pues rompen  la imagen de imparcialidad de la justicia, según relata InfoLibre y del que todavía no hay respuesta desde la magistratura.
Algunos articulistas afirman que, tras cuarenta años bajo régimen dictatorial, las sociedades sufren una pérdida de lo que se llama honestidad colectiva (Ramón Lobo) y que un país que, en gran número, apoya con sus votos a los corruptos, tiene un problema muy grave.
Tal vez en la calle no se advierta de forma palmaria que la administración de los dineros de todos está detrás de la educación, la sanidad y que, al igual que sucede con la red de agua, que pierde un alto porcentaje por “sus agujeros” del asfalto para arriba pierden –se pierden– dineros para maestros y médicos, profesores y material escolar; para mejorar las infraestructuras, para, en definitiva, mejorar la vida a los ciudadanos. Y pese a los anuncios, casi siempre pagados, que nos quieren convencer de que esto es jauja y que ya llegamos al final del túnel, las estadísticas demuestran lo contrario: lo que el analista alemán Oliver Nachtwey llama un país deforme. “Una sociedad en descenso”.
Y no es solo una frase: el gasto social en España está por debajo de la media europea (cinco puntos), refiriéndose al dinero invertido en pensiones, desempleo, prestaciones para la infancia, familias en exclusión social y dependencia.