• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Coincidiendo con mi reflexión sobre la felicidad a través de varias opiniones, encuentro en la columna de mi compañero de página, el admirado José Antonio Martínez Sevilla.

Coincidiendo con mi reflexión sobre la felicidad a través de varias opiniones, encuentro en la columna de mi compañero de página, el admirado José Antonio Martínez Sevilla, una contundente explicación: “el ciudadano medio no quiere grandes declaraciones. Le basta el aperitivo o jugar la partida con los amigos. Ver una peli y sufrir con el Depor”. Seguramente, pensando así, se ven  cerca  del  paraíso 
 Probablemente, en este infierno,  es el mejor antídoto para pasearse por la vida en espera del paraíso futuro. No pensar, ni por un momento, en los jubilados que tienen que elegir entre cena y medicina. Los parados de larga duración donde no entra un euro en su casa. El aumento de la corrupción. La pérdida de derechos sociales. Las consecuencias del cambio climático. La guerra, cada vez más evidente entre los que poseen armas de destrucción masiva; el problema catalán, la escasez de recursos en el llamado tercer mundo o la crisis de la cada vez más larga lista de inmigrantes llamando al que ellos tienen como primer mundo…
Llegados a este punto las preguntas pertinentes son, entre otras,  ¿Qué quiere la gente? ¿Qué pide el personal? ¿Qué desea para sus hijos y nietos…? Y estas respuestas provienen de las preguntas que ahora nos hacemos observando la realidad que nos circunda: la crisis dejó fuera del sistema a millones de españoles. Las acciones y omisiones del gobierno han multiplicado las desigualdades. Según las estadísticas en esta recuperación que nos publicita el gobierno, el empleo sigue siendo precario y mal pagado. Cada vez son menos los que pueden tomarse un aperitivo o jugarse al “chinchón” el cafelito y la copa. Pero es que, además, el Banco de España prevé una desaceleración y rebaja las promesas del gobierno. Es cierto que apuesta por un mejor comportamiento del PIB y que la propia patronal, luego de recoger ganancias, ofrece un aumento en los salarios. Después de los recortes –así púes, hubo recortes, al igual que hubo rescate bancario y que solamente se recuperó un 30% de las cantidades aportadas– crecerá el empleo en la administración, los funcionarios empezarán a recuperar algo de poder adquisitivo (de un uno al dos por ciento) y, palabra de Montoro, “se aflojará” el IRPF en las rentas más bajas…aunque no explica si el dinero saldrá de otros ingresos o, ay, de otro tajo. Hasta ahora el único paraíso que conocemos es el paraíso fiscal de la Iglesia. Pero de eso hablaremos otro día.