• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Salud, desigualdad y pobreza

La mayoría, por no decir la totalidad de las asociaciones y entidades benéficas de nuestros país coinciden en que aunque se haya dejado atrás la extrema dureza de la crisis económica, sus consecuencias sociales aún se están dejando notar

La mayoría, por no decir la totalidad de las asociaciones y entidades benéficas de nuestros país coinciden en que aunque se haya dejado atrás la extrema dureza de la crisis económica, sus consecuencias sociales aún se están dejando notar y no todos los grupos sociales están percibiendo por igual el crecimiento económico y la distribución de la riqueza. Todas estas entidades coinciden en que para superar esta situación de desigualdad social es cuestión de voluntad política y de prioridad presupuestaria.  

Ahora que se habla tanto de reformar la Constitución del 78, solo se pone el acento en la cuestión territorial y competencial, queriendo dejar a un lado que los derechos sociales sigan quedando en papel mojado y no sean de obligado cumplimiento para nuestros gobernantes.

Por otra parte, demasiados ciudadanos ya sufren una falta de salud física y mental evidentes como consecuencia de situaciones de vulnerabilidad y exclusión social. En nuestro país aún sigue pendiente la necesidad de responder de forma mucho más eficaz a las necesidades sanitarias de las personas con menos recursos. La prevención, ciertos medicamentos y algunas patologías oftalmológicas y bucodentales siguen siendo una cuestión prioritaria para muchas familias humildes, ante la carencia de recursos y la falta de coberturas por parte de la propia sanidad pública.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce las denominadas “enfermedades de los pobres” y exige a los países un mayor interés por mejorar la salud de las personas sin recursos por pura justicia social y para cumplir con la obligación constitucional del derecho a la salud y a la dignidad de todas las personas, sin exclusión.