• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

Orgullo gallego

Siempre es deleite para la mente y el espíritu 

Siempre es deleite para la mente y el espíritu adentrarse y dejarse llevar un fin de semana primaveral por el casco histórico de Compostela, la capital cultural y espiritual de Galicia. La primera visita obligada es la catedral y dar un fraternal abrazo al Apóstol, así lo hicimos. Luego vemos la celebración de una boda en una de las capillas laterales, una niña de apenas ocho años recita una poesía a los novios, finalizando con una ovación de los asistentes, incluido el párroco. En frente a la plaza del Obradoiro otra boda se está celebrando en el ayuntamiento y podemos ver, entre los  asistentes, a algunos parlamentarios gallegos.
Los numerosos monasterios e iglesias abren sus puertas a todos los deseosos de paz espiritual, nos adentramos en varios de ellos, y como pecadores buscamos el perdón a nuestras maldades. Al salir nos encontramos mucho mejor, vemos las cosas de otra manera, seguro que las vibraciones y los buenos espíritus que anidan en esos templos tienen algo de culpa. 
Las calles empedradas, el buen tiempo y los pocos visitantes nos invitan al sosiego y decidimos buscar a los universitarios, ¿dónde estarán un sábado por la tarde? Entramos en una facultad del campus norte y observamos la biblioteca a tope de jóvenes, estudiantes con sus portátiles preparan sus exámenes. Resulta extraño y al mismo tiempo nos agrada saber que las bibliotecas permanecen abiertas también los fines de semana. 
Nos tomamos unas cañas en una de las muchas terrazas del casco viejo para luego dirigirnos a uno de los edificios emblemáticos de la ciudad. El convento de Bonaval, con el museo do Pobo Galego y el Panteón de Gallegos Ilustres. Memoria y tradición nos inundan la vista de manera permanente, los recuerdos de niñez nos humedecen los ojos y no tenemos palabras para agradecer a nuestros antepasados los sufrimientos, esfuerzos y trabajos que tuvieron que soportar para no perder la identidad y la dignidad de ser gallegos. Los oficios, la música, la arquitectura, el campo y el mar nos demuestran que tenemos pasado y que no podemos reinventar el futuro sin contar con nuestra historia.   
Los restos mortales de algunos gallegos ilustres nos transmiten un doble sentimiento de admiración y tristeza. El primero por mantener y transmitir, a pesar de las dificultades, la cultura gallega por el mundo y el segundo porque muchos de ellos no fueron en vida lo suficientemente queridos y respetados por sus paisanos y ahora son constantemente homenajeados y recordados.